Tres cosas agradece el máster en Ciencias Pedro Ignacio Castillo Fonseca en su formación académica, y como ser humano: una es su Patria; otra, el Instituto de investigaciones agropecuarias Jorge Dimitrov, plantel al cual llegó siendo técnico y se hizo profesional; la  tercera, es el Proyecto de innovación agropecuaria local (Pial), que lo puso a prueba como líder en Granma de un proyecto internacional para compartir con una extensa familia de profesionales y productores.

Numerosos productores están afiliados a los grupos de innovación agropecuaria local/FOTO Tomada del Perfil de Facebook del Pial

Hace dos décadas esta renovadora iniciativa, impulsó el conocimiento aplicado a la producción agropecuaria, con el propósito de socializar buenas prácticas entre los actores principales de esta actividad socioeconómica: los productores y productoras.

Apostó por la capacitación desde una perspectiva diferente, sobre la base de las experiencias en el surco, y del intercambio cara a cara con el campesinado en su propio escenario. Hoy, cierra con invaluables resultados, pero a la vez, abre el sendero hacia nuevas perspectivas en materia de desarrollo agropecuario.

DE PROGRAMA A SISTEMA

“Se concibió en sus inicios como un programa, sin embargo, nos dimos cuenta de que podía ser más abarcador, los retos, en aras del desarrollo agropecuario, se han incrementado y la plataforma se nos había quedado pequeña.

“Hemos logrado excelentes experiencias, ahora resta institucionalizarlas, por eso se definió como Sistema de innovación agropecuaria local (Sial)”, refiere Pedro Ignacio Castillo Fonseca, coordinador del Pial en Granma.

Pedro Ignacio Castillo Fonseca, coordinador en Granma./FOTO Anaisis Hidalgo Rodríguez

El epicentro lo constituyen los grupos de innovación agropecuaria local (Gial), de los cuales en este territorio existen más de 60 que asocian productores partiendo de sus afinidades productivas. A ellos se les crean las necesidades que se gestionan en la plataforma, llamada a resolver los denominados “cuellos de botellas” en las producciones locales.

“Se creó, además, un grupo de facilitadores multidisciplinario para enfrentar todas las necesidades que desde el punto de vista técnico puede presentársele a los productores, por ejemplo, si alguno tiene dificultades en la reproducción de la cabra, se lleva un laboratorio interactivo a su finca; se toman muestras y se determina si es a causa de algún parásito.

“En este caso se deja una serie de recomendaciones al productor, principal gestor en la aplicación de estos resultados”, ejemplifica Castillo Fonseca.

Pial abarca elementos indispensables en la vida del campesinado: la transversalización de género, el trabajo con jóvenes y la adaptación al cambio climático y su mitigación, fomentando la resiliencia ante los fenómenos climatológicos.

Se distingue por una plataforma multiactoral de gestión, integrada por aquellos que tengan relación con la producción agropecuaria. Aunque los centros universitarios municipales lideran este trabajo, se afianzó en los gobiernos locales, de manera que pueden cambiar los actores, pero la plataforma persiste, respaldada por resolución de los Consejos de Administración municipales.

RESULTADOS

“En todo este recorrido, el Pial ha impactado en la formación académica de numerosos profesionales, algunos de los cuales aprobaron el diplomado Sial, mientras otros se han graduado de esta especialidad.

“Para hacer sostenible en el tiempo este proyecto, -que si bien cierra, no deben culminar sus buenas prácticas y su concepción de la innovación- se aprobó la formación curricular por la Universidad de Granma de la carrera de curso corto para los técnicos de Nivel Superior en la especialidad Sial.

Trilladora de granos entregada al Centro de Diversidad y Semillas de Jucaibama por Pial./FOTO Tomada del perfil de Facebook del Pial

“También ha incidido en minindustrias, en personas con iniciativas de creación y que laboran la talabartería, el yarey, por citar algunos”, añade Castillo Fonseca.

Destaca la creación de los comités locales de certificación de semilla, el primer eslabón en la producción agrícola que permitirá tener localmente acceso a una semilla de calidad certificada.

El Pial entrega recursos en el municipio de Cauto Cristo, para la construcción de una cámara de conservación de semillas de hortalizas y granos; y en Guisa, para una de hortalizas.

“También ha capacitado desde el punto de vista teórico y fortalecido entidades como la Estación experimental agrícola y el Centro de producción de diversidad y semilla, con turbina y máquina trilladora de granos.

“En aras de propiciar el trabajo de género, buscar una mayor participación de las mujeres en los espacios multiactorales de gestión del territorio y orientarlas hacia actividades productivas y de generación de ingresos, situó dos jugueras en Guisa y Jiguaní.

Juguera patrocinada por el Pial en Jiguaní beneficia a los comunitarios/FOTO Tomada del Perfil de Facebook del Pial

“Al campesinado ha facilitado herramientas y útiles para su labor”, expuso Castillo Fonseca.

“Como parte del proyecto se valora hacer un trasvase de agua desde el río Yao para el Babatuaba, base sobre la cual penden alrededor de 86 productores de la CCS Pedro Pompa Fonseca, de la comunidad El Dorado, con sistemas de riego subutilizados”, anticipó el Máster en Ciencias Alexánder Álvarez Fonseca, coordinador del Pial en Bayamo.

UNA HERMANDAD

Sobre su significación, expone el productor José Luis Batista Olivera, de la comunidad de San Apapucio, consejo popular Entronque de Bueycito.

“Para mí, el Pial y las instituciones que lo acompañan, como el Dimitrov, la Universidad, el Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas…han sido una escuela. Nos ha permitido apropiarnos de las buenas prácticas y buscar soluciones a problemáticas del ámbito agropecuario.

“Nos han facilitado tecnologías, germoplasma de semillas, desarrollamos interactivas ferias de maíz, con 74 de variedades; de frijol Phaseolus, Vigna; de hortalizas,  frutales y tabaco.

“A raíz de la inserción del Pial en mi finca y en la CCS Pedro Pompa, hemos llevado a cabo tecnologías para sembrar plátano, que antes no se cultivaba, y hoy comercializamos.

“Trabajamos con los marcos de plantación, la selección de las áreas de siembra para no fracasar; aplico la lombricultura, compost, abonos orgánicos como el EcoMic… Somos una gran familia que ha aprendido a abrazar la ciencia y la tecnología”, manifiesta Batista Olivera.

Una interrogante se impone, ¿y después de Pial? La  respuesta es evidente: resulta imprescindible conservar los logros y enriquecerlos con otras alternativas, pues si algo ha corroborado este proyecto, es que no le faltan iniciativas para dinamizar la agricultura y potenciar nuevos modelos de gestión a nivel local en pos de su desarrollo.

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