Ángel Manuel Sánchez Matos vive días luminosos. Participa como delegado en el X Congreso de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU),  un evento que arrancó el 17 de diciembre y se extenderá hasta el martes.

Su alegría es inmensa porque fue elegido por sus compañeros del campus Blas Roca Calderío, en Manzanillo, perteneciente a la Universidad de Granma.

Es miembro del contingente Educando con amor, dedicado a la enseñanza en distintos centros estudiantiles o, incluso, en los barrios.

Tiene el verbo ancho y una ejemplar trayectoria docente e investigativa, aun cuando apenas cursa el el segundo año de la carrera de Licenciatura en Educación Primaria.

Habla con orgullo de su militancia en la Unión de Jóvenes Comunistas, de la vocacional granmense Silberto Álvarez Aroche (en la que estudió el preuniversitario) y de los numerosos eventos en los que ha participado.

Por supuesto que tiene muchas inquietudes, por encima de una cita cumbre. “La FEU no debe esperar un cónclave nacional para realizar acciones. Si hayuna estrategia de trabajo, que se cumpliera mes tras mes, existirían menos problemas”., comenta.

Este muchacho, oriundo de Buey Arriba y residente en la capital provincial, será uno de los cinco delegados que representarán a la Universidad de Granma (UdG) en el X Congreso. En su anecdotario hay varias vivencias, ocupan un lugar prominente las referidas a su vinculación durante meses a las zonas rojas o las de intensos debates suscitados en su casa de altos estudios para lograrque, dentro de las conocidas escaseces, los miembros de la FEU puedan acceder mejor al transporte público.

“El planteamiento es que cada cinco personas de la cola pueda pasar un estudiante universitario, hoy se pasa uno cada nueve pasajeros. Por eso varias veces algunos no pueden llegar a tiempo a la universidad o a su casa”, subraya.

Se emociona cuando habla de Julio Antonio Mella, fundador de la FEU, organización que cumplirá su centenario el próximo día 20. Al igual que aquel líder cree que todo tiempo futuro debe ser mejor.

Y por eso lucha, dirige, estudia incansablemente más allá de los exámenes de premio. Siente placer con lo que hace, pero está seguro que cada día es posible mejorar.

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