Corría el año 1957 y Cuba era una ebullición de rebeldía y arrojo juvenil. Para esa fecha, la Sierra se había convertido en el principal escenario de lucha de una generación heroica que, liderada por Fidel, enfrentaba a sangre y fuego a la dictadura batistiana.

Mientras, en varias ciudades del país, otros bisoños rebeldes, organizados en células clandestinas, secundaban a los barbudos con acciones vitales y temerarias que a muchos les costó la vida.

En Bayamo –tierra de los padres fundadores de la nación cubana y urbe de arraigado espíritu emancipador– la juventud no podía estar ajena a aquella gesta de liberación contra la ignominia, la miseria, el desempleo y la usurpación de los más elementales derechos humanos.

Fruto de ese sentimiento patrio, numerosos jóvenes se habían sumado a la peligrosa misión de reunir armas, buscar víveres, hacer contactos o realizar sabotajes contra el régimen militar. Entre ellos figuraba Gilberto López Bosch, jefe de un campamento rebelde en la zona rural de Mabay, quien se encontraba en la urbe bayamesa para acopiar recursos, cuando fue capturado por el ejército batistiano, a inicios de octubre de 1957.

Algunos días después de haber sido detenido, Gilberto se convertiría en la primera víctima de uno de los episodios más sangrientos protagonizados por la dictadura: el asesinato de ocho jóvenes en la Ciudad Monumento. El suceso ocurriría la jornada funesta del 21 de octubre de 1957, fecha que fue bautizada luego como «la noche del terror en Bayamo».

La causa que desataría la sed de sangre de los esbirros había surgido dentro de sus propios calabozos. Allí, el capitán Pedro Morejón, jefe de la Guardia Rural y otros sicarios del régimen, como el soldado Roberto Ríos Sarmiento (apodado Campeón) torturaban con ensañamiento a Gilberto López, a quien le llegaron a fracturar un brazo, la clavícula y algunas costillas.

Aun así, Gilberto fue capaz de enviarles a sus compañeros de lucha una nota escondida en una caja de cigarros. La orden era ajusticiar a Campeón. Varios miembros del movimiento de Bayamo y la célula de Pompita se involucrarían en la misión, prevista para el día 20.

Imagen con fotos tomadas de Ecured

Sin embargo, la acción se salió de control, y en el suceso, además del capitán Morejón, fue baleado un sargento llamado Manuel Pompa, ajeno a la actuación de los militares sin escrúpulos. Pero la tiranía no perdonaría aquel hecho e, inmediatamente, desató una cacería humana, cruel y espantosa, que enlutó a Bayamo la noche del 21 de octubre de 1957.

Primero pusieron la ciudad a oscuras y luego plagaron las calles de militares, asesinos y chivatos armados hasta los dientes, como si fueran a librar una batalla. No obstante, lo peor vendría después.

Ciegos de odio allanaron las casas de siete jóvenes revolucionarios señalados de antemano, a quienes ultimaron cobardemente, sin darles derecho a una defensa. Sus cuerpos aparecieron tirados en distintas arterias de la ciudad, causando profunda consternación entre los bayameses. Algunos, incluso, con el rostro destrozado.

Sus nombres eran: Gilberto López Bosch, Mardonio Hechavarría Remón, Luis Felipe Lotty Osorio, Vicente Quesada O´Conor, Idalberto Tamayo Maceo, Pedro Batista Fonseca, Rubén Nogueras Castillo y Mario Enrique Alarcón Martínez. El mayor de ellos solo tenía 42 años, y el menor contaba apenas con 18 abriles.

Aunque la huella dolorosa de aquellos abominables crímenes marcó entonces la historia de la ciudad, el suceso también sirvió para fortalecer la decisión de lucha; que un año y dos meses después, se hizo victoria plena con la Revolución, el 1ro. de enero de 1959. ( Por Mailenis Oliva, tomado de Granma).

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