
«Si un país ha espiado y agredido a otro a niveles obscenos, ha sido EE. UU. contra Cuba», aseveró el mandatario, ante las mendaces acusaciones del documento emitido por Washington en el que se acusa a la Isla de ser –según el Departamento de Estado– «el principal patrocinador del radicalismo izquierdista y del tercermundismo en Estados Unidos».
De su lado, Díaz-Canel enfatizó que «son públicas las partidas millonarias que anualmente se destinan a los programas de cambio de régimen en Cuba, apelando lo mismo a la subversión que al terrorismo.
«La historia registra episodios criminales, incluyendo plagas y enfermedades introducidas en Cuba, el dengue hemorrágico que cobró la vida de 101 niños; el derribo de un avión con 73 personas a bordo; las bombas en hoteles; los intentos de magnicidio o la guerra psicológica», señaló.
Asimismo, mencionó «el bloqueo y la dimensión genocida que adquiere con el actual reforzamiento y cerco energético. No hay mayor acto de subversión contra un Estado, concebido y descrito oficialmente por EE. UU. para agotar al pueblo y resquebrajar su apoyo a la Revolución.
«Lo que ha hecho la Revolución cubana a lo largo de su historia es defenderse de estas sucesivas e interminables agresiones, por legítimo derecho.
«Cuba jamás ha obrado para dañar al pueblo estadounidense, ni se ha propuesto afectar la seguridad nacional de EE. UU.», afirmó.

«El neo-macartismo trasnacional que se reinstaura en EE. UU., desde una corriente claramente fascista, recurre a la mentira para generar pretextos sobre los cuales sostener agresiones contra Cuba y coartar libertades civiles en EE. UU.».



