Los valerosos reclutas de la Batalla de Guisa

La Batalla de Guisa, a decir del historiador Aldo Daniel Naranjo, tenía objetivos estratégicos y tácticos, concebidos y ejecutados personalmente por el Comandante en Jefe Fidel Castro: propinar un golpe contundente que desmoralizara al Ejército de la dictadura de Batista y combatir en movimiento las tropas del Puesto de mando de Bayamo, situado a 12 kilómetros de distancia.

Muchos son los hijos del municipio de Guisa que enjuagan sus ojos y se les oprime el corazón, al hablar de la gloriosa Batalla de Guisa, desarrollada hace 65 años. Un aniversario más nos convida a rememorar aquella gesta heroica, que se incluye entre las batallas más largas de la guerra definitiva por la liberación del territorio nacional, y que duró 11 días y 10 noches (20 noviembre-30 de noviembre, 1958).
La Batalla de Guisa, a decir del historiador Aldo Daniel Naranjo, tenía objetivos estratégicos y tácticos, concebidos y ejecutados personalmente por el Comandante en Jefe Fidel Castro: propinar un golpe contundente que desmoralizara al Ejército de la dictadura de Batista y combatir en movimiento las tropas del Puesto de mando de Bayamo, situado a 12 kilómetros de distancia.
AQUEL GRAN DESAFÍO
Sobre la complejidad de esta operación hizo alusión Fidel Castro en un discurso pronunciado el 20 de enero de 1981, en el “año del XX aniversario de Girón”:
“Hay un combate que fue más importante desde el punto de vista militar, o más difícil desde el punto de vista militar que el de El Jigüe; fue el de Guisa. Porque el de Guisa fue un desafío nuestro, con tropas todas nuevas, porque ya habían salido todas las columnas, contra el ejército de operaciones de ellos que estaba en Bayamo”.
Sobre aquellos detalles estratégicos describió el máximo líder de la Revolución cubana: “Cuando llegamos a Guisa teníamos alrededor de 180 hombres armados. Y en esta región de Bayamo y sus alrededores, el enemigo tenía mil soldados de sus mejores tropas. De modo que ya en Guisa se produjo una lucha de otra envergadura, y la tropa nuestra estaba integrada, fundamentalmente, por reclutas, era personal nuevo —nuestras tropas más veteranas habían salido hacia los distintos frentes—, y así fue como se produjeron los combates en Guisa que duraron 10 días.
“Es digno de tomar en cuenta el hecho de que se inició la batalla con 180 hombres contra un enemigo que disponía de alrededor de cinco mil efectivos. ¿Y qué teníamos? Fusiles y minas; no teníamos otra cosa. Fue la primera vez que nos tocó combatir al lado de una carretera asfaltada, que no es lo mismo poner una mina en un terraplén de tierra que en una carretera asfaltada por la que también los tanques y los refuerzos pueden llegar más rápidamente. Nos topamos con ese dichoso puente que no es un puente, es un terraplén elevado; y no es lo mismo volar un puente, que volar un terraplén”, expuso Fidel.
Con algunos pocos morteros y 15 proyectiles, las fuerzas rebeldes que combatían contra las tropas batistianas tenían que pensar cuidadosamente cuándo usar cada efectivo, pues con tan pocas armas debían cercar la guarnición enemiga y las tropas de refuerzos para lo cual fue necesario tomar todos los caminos por donde podrían pasar.
EL PRIMER BOTÍN DE GUERRA
La primer afrenta de las tropas rebeldes fue con una patrulla que iba y venía todos los días de Guisa a Bayamo y que en cuestión de minutos liquidaron, ocupándosele 23 armas; para entonces en vez de 180 ya eran 203 hombres armados y así sucesivamente fueron ganado armamentos, entre ellos, un tanque que tuvieron que aprender a maniobrar de forma empírica.
“Nadie sabía manejar un tanque, a decir verdad; nadie sabía manejar un cañón de tanque. (…)para averiguar cómo disparaba aquel cañón, hubo que de noche estar haciendo experimentos allí; hubo que poner a un compañero con un caballo blanco delante para ver si donde apuntaba aquel mecanismo por ahí iba el tubo del cañón; hubo que hacer algunos disparos de prueba y, bueno, ¿para dónde apuntar?: apunten para el puesto de mando a ver si llegan allá los cañonazos esos, el puesto de mando de Bayamo”, expone Fidel.
LA LOMA DE BRAULIO CORONEAUX
Sobre los hechos que hoy honran el nombre de la que hoy se conoce como la loma de Coroneaux, y que entonces no tenía nombre, apuntó el máximo líder:
La infantería enemiga no podía pasar por la carretera mientras nosotros tuviéramos esa loma, los tanques no pasaban; porque el enemigo sabía que teníamos minas, y si la infantería no iba por delante quitando las minas, los tanques no pasaban porque volaban.
“Allí mismo quedan los restos de un tanque volado, fue el primero que voló por allí. Y nuestra infantería, con sus fusiles, no dejaba pasar a la infantería enemiga desde esa loma, y los que manejaban las minas, por supuesto, podían mantenerse en sus posiciones. Y a pesar de que nosotros solo teníamos fusiles y minas, ellos, con sus tanques, su artillería y su aviación, no pudieron pasar por aquella carretera. Eso duró alrededor de 10 días.”
LAS MARIANAS GRAJALES
Cuenta Fidel que en aquella loma, Coroneaux hizo construir unas 200 trincheras, por cada hombre que tenía allí hizo por lo menos 10 trincheras, para defenderse en distintas posiciones, sin embargo, en cierto momento la posición era muy difícil y fue necesario pedir voluntarios, entre ellos, una escuadra del pelotón de mujeres “Mariana Grajales”.
“ Resistieron allí los 10 días de bombardeo, porque en los 10 días que duró la batalla de Guisa la aviación enemiga estaba, desde el amanecer hasta por la noche, atacando las distintas posiciones; pero sobre todo atacaron esa posición, con bombas explosivas, con bombas incendiarias, con todo”.
La artillería se ensañó con todo en aquella posición. El propio Coroneaux murió a causa de un disparo directo de cañón de tanque, sin embargo, la posición no fue abandonada, ratificando el compromiso hecho a Fidel: “Descuide, Comandante, por aquí no pasarán”.
Al final de aquellos combates que se libraron entre el 20 de noviembre y el 30 aquí en Guisa, las tropas rebeldes habían ocupado la ciudad y le ocasionaron al enemigo más de 200 bajas entre muertos, prisioneros y heridos; le ocuparon más de 100 armas, entre ellas ametralladoras, morteros, bazucas, de manera que cuando salieron de Guisa eran más de 300 hombres con armas de guerra.
Mucho se suele contar de esta batalla en la que brilla la presencia de Fidel liderando las acciones; del arrojo de Braulio Curuneaux con su ametralladora 30; de pelotón femenino Mariana Grajales y su participación en la gesta; de la alta superioridad numérica y técnica del enemigo y del jugoso botín de guerra capturado por los rebeldes, sin embargo, pocas veces se resalta el hecho de que quienes llevaron a cabo el grueso de estas acciones, fueron precisamente reclutas, inexpertos hombres en el arte de la guerra, con más arrojo y conciencia, que dominio del mundo militar.

Anaisis Hidalgo

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