Era el 23 de agosto de 1960. Faltaban apenas veinte meses para que el primer aliento de la Revolución Cubana se convirtiera en un vendaval de cambios, y en el teatro Lázaro Peña de La Habana, algo histórico estaba a punto de ocurrir. Allí, en medio de vítores y consignas, nació la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), una organización que no era un simple proyecto político, sino la respuesta a una necesidad imperiosa que venía gestándose desde las entrañas de la lucha.
La decisión de crearla fue planteada por Vilma Espín al líder histórico Fidel Castro. Ella, la ingeniera química santiaguera que había abandonado los privilegios de su familia acomodada para unirse al Ejército Rebelde, entendía que la Revolución reclamaba una mayor participación de las mujeres en el proceso emancipador de Cuba, algo que el líder revolucionario escuchó y respaldó.
La FMC fue el crisol donde se fundieron las organizaciones femeninas que ya existían: la Unidad Femenina Revolucionaria, que agrupaba a un gran número de mujeres campesinas; la Columna Agraria; las Brigadas Femeninas Revolucionarias; los Grupos de Mujeres Humanistas; la Hermandad de Madres; y otras agrupaciones que, hasta entonces, eran como brazos separados de un mismo cuerpo que necesitaba unidad para moverse con fuerza.
En aquellos momentos, la realidad de la mujer cubana era un espejo de injusticias. Cerca del 90 % de las mujeres se dedicaban exclusivamente a las labores del hogar, confinadas a un espacio doméstico que las aislaba de la vida pública, la educación y el trabajo. Eran un potencial inmenso, una fuerza dormida que la Revolución necesitaba despertar. La FMC surgió como la llave para abrir las puertas que durante siglos habían permanecido cerradas.
Fidel lo había expresado con claridad desde el primer día de la Revolución, el 1 de enero de 1959, al hablar desde el Parque Céspedes en Santiago de Cuba:
—La mujer es un sector de nuestro país que necesita ser redimido, porque es víctima de la discriminación en el trabajo y en muchos otros aspectos de la vida—.
El mismo día de su fundación, Fidel Castro pronunció un discurso que marcó el norte de la organización:
—Esta unificación de todos los sectores femeninos de la Revolución es constituir una fuerza, una fuerza entusiasta, una fuerza numerosa, una fuerza grande y una fuerza decisiva para nuestra Revolución. ¡La Revolución cuenta con la mujer cubana! Y es tarea de la Federación organizar a la mujer cubana, preparar a la mujer cubana, ayudar a la mujer cubana en todos los órdenes: en el orden social, en el orden cultural; elevando su preparación… poniéndola al tanto de todas las cuestiones que son de interés para la mujer—.
Fue un llamado a la acción, una hoja de ruta que las federadas —más de cuatro millones en la actualidad— han seguido con tenacidad.

Vilma Espín: la presidenta eterna
Ese día de agosto, entre aplausos y la emoción de un pueblo que se reconocía en sus luchadoras, fue elegida presidenta de la organización Vilma Espín Guillois. Su liderazgo, desde el 23 de agosto de 1960 hasta su muerte, el 18 de junio de 2007, fue el hilo conductor de la FMC.
Desde sus primeros pasos, la FMC se propuso derribar barreras. Su objetivo principal fue la incorporación de la mujer a la sociedad, al empleo y al estudio. No fue una tarea sencilla. Implicó ir casa por casa, hablar con padres reticentes, convencer a las propias mujeres de que tenían un lugar en la construcción de la nueva sociedad.
La organización entendía que la Revolución significaba para la mujer una doble liberación:
—La mujer formando parte de los sectores humildes del país, de los sectores explotados del país; y la mujer, además, discriminada, no ya como trabajadora, sino discriminada como mujer dentro de esa sociedad explotadora—.
De aquella labor surgieron logros que cambiaron el rostro del país: la campaña de alfabetización, las brigadas sanitarias, los círculos infantiles que permitieron a las madres trabajar y estudiar, las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia. La FMC fue la herramienta que permitió que las mujeres ocuparan posiciones en todos los sectores, incluidos aquellos que antes eran territorio exclusivo de los hombres.




