«El escritor que no publica, perece»

Para el granmense Delio Gabriel Orozco González, nacido en Niquero en 1966, la historia nunca fue un cúmulo de fechas polvorientas, sino un universo sensorial donde los relatos familiares cobraban vida: el tintinear de espuelas durante una carga mambisa, las velas que se hinchan rumbo a puertos lejanos… Desde esa niñez, entendió que la historia es también un territorio emocional que exige ser rescatado.

Su padre soñaba con un futuro diplomático; él eligió otro lenguaje para defender a Cuba: el de la Historia.

«La universidad me puso en los bloques de arrancada, pero la vida me dio las verdaderas lecciones» dice. Y aún sostiene que, si se lee con atención, la historia enseña no solo a comprender, sino a evitar los mismos errores.

Licenciado en Historia en la Universidad de Oriente en 1989, Orozco encontró su verdadero taller en el Archivo Histórico de Manzanillo, donde, desde 1990, se convirtió en un guardián de la memoria. Durante casi dos décadas dirigió la institución y rescató documentos que, bajo su lente, dejaron de ser papeles envejecidos para transformarse en libros impresos gracias al papel de varias editoriales nacionales y regionales.

EL OFICIO

Su escritura es un acto de compromiso: con la memoria, con su ciudad adoptiva, con la ética martiana. Su bibliografía traza una geografía afectiva y cultural con su ciudad adoptiva y la figura martiana, lo cual avala su vínculo con la Sociedad Cultural José Martí.

Títulos como Manzanillo en la pluma de José MartíDespués de Dos Ríos. Presencia y recepción martiana en ManzanilloManzanillo en los 50. Rebeldía y RevoluciónAzúcar y dependencia en Manzanillo (1899-1952)Del fiel de Manzanillo; Manzanillo. La perla del Guacanayano, y El órgano oriental: señor de la música molida, entrelazan la historia nacional con la local, convencido de que el pasado cobra sentido cuando se mira desde sus raíces cotidianas.

Orozco es consciente de que todo escritor tienen un momento de gracia y un libro con mayor vuelo poético que otros, en su caso es Jesús de Nazaret: un paradigma ético de José Martí, publicado por Ediciones Orto, en 2005.

MEMORIA EN CÓDIGO BINARIO

Consciente de que el conocimiento debe circular, llevó el archivo más allá de sus muros físicos a través de su blog Manzanillo, raíz de lo cubano, y como miembro de la Unión de Informáticos de Cuba y de la Comunidad Cubana de Software Libre, ha impulsado la creación de enciclopedias digitales pioneras como: Enciclopedia de Manzanillo, Enciclopedia Celia Sánchez Manduley  y Enciclopedia de Carlos Manuel de Céspedes, concebidas «para democratizar el acceso al conocimiento histórico» y convertir la memoria colectiva en patrimonio vivo.

Su vida profesional, coronada en 2025 con el prestigioso Premio al Mérito Literario José Joaquín Palma, es la crónica de un hombre que hizo de Manzanillo su patria chica y de la difusión de la Historia, una misión de por vida.

Este premio, otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en Granma, en colaboración con la Embajada de Guatemala, validó su vida dedicada a unir el rigor del investigador con el arte del narrador.

Si el Premio al Mérito Literario José Joaquín Palma certificó su magisterio en el arte de narrar el pasado, el Premio provincial de Literatura 2025 en Granma reconoció de lleno la calidad literaria, el vigor expresivo y la profundidad investigativa de su obra.

Este doble laurel corona a un autor cuya pluma ha sido, al mismo tiempo, un cincel para esculpir la verdad histórica y pintarla con los colores de la narrativa, demostrando que el rigor académico y la excelencia literaria pueden, y deben, converger en un mismo propósito.

«Son premios que acojo con mucho agrado, el primero, porque Palma era un patriota cabal…  y el segundo, porque la historia demuestra, pero la literatura convence», explicó al recibirlos.

Más que un momento de gloria, los entiende como compromiso. «La fama no es más que un mito útil», afirma citando a Martí, convencido de que los premios no son coronas, sino nuevas responsabilidades.

Su discurso busca seducir sin traicionar los hechos, convencido de que la historia total es imposible, pero la verdad, aunque incompleta, debe decirse con honestidad.

«Aquí no está toda la verdad, pero lo que se dice es verdad», recuerda citando a Juan Gualberto Gómez, reafirmando así que la honestidad intelectual es la piedra angular de su escritura.

En medio de los vértigos digitales, insiste en la pausa reflexiva: «Las TIC no son el fin, son el medio. Hay que hacer un ejercicio de síntesis histórica sin renunciar a la profundidad», por eso, continúa escribiendo, publicando, difundiendo. Porque, en sus propias palabras, «el escritor que no publica, perece».

Vicepresidente de la UNEAC en Manzanillo y Granma, y académico correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba, Delio Orozco ha hecho de la palabra histórica un acto cotidiano. Manzanillo lo nombró Hijo Adoptivo, pero él ha hecho mucho más: la ha convertido en su patria espiritual.

Orozco escribe porque tiene algo que decir, porque siente el deber de comunicar una verdad y una pasión. Para él, el historiador debe «enamorarle el alma al que la lee» y lograr que el dato frío se vuelva experiencia humana.

«Los escritores pecamos –dice– porque debemos persuadir, conmover, estremecer y agradar. El acto del escritor es un acto que constantemente peca».

En este «pecado» reside su mayor virtud: la convicción de que la historia, para ser verdaderamente comprendida y atesorada, debe tocar la fibra humana.

La obra de Delio Orozco González es un monumento vivo a la difusión de la Historia. En un mundo de olvidos rápidos, él levanta su voz, frente a las olas del tiempo que buscan borrar las marcas, para contar lo que nunca debió olvidarse.

La Demajagua

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