Un «golpe» de agua arrasador

Tras recibir el golpe de las intensas lluvias los municipios Granmences se encuentra en faces de recuperación.
Inundaciones sin precedentes, ocasionaron importantes daños en Jiguaní, en la provincia de Granma, resultado de las muy intensas lluvias de las últimas horas. Foto: Eugenio Pérez Almarales

Granma.–«El sonido de pasos por la casa me despierta… se ha desbordado el río, me dicen, y calculo fríamente que no es más que otra de esas veces en que se llena la cuneta y todos los curiosos salen por las ventanas a mirar el agua correr sin obstáculos… me asomo y lo veo, no es como las otras veces… un “mar” se acerca bajando por la carretera misma, el agua sube rápido y el desespero no deja pensar con claridad. Las camas flotan, los muebles escapan por la puerta nadando… Rompe la primera hora del 9 de junio…».

Así describió en su perfil en Facebook la granmense Bertha Báez, la madrugada del viernes último, cuando un afluente «desbordó» a Jiguaní, un poblado ubicado al noreste de la provincia.

Al amanecer la escena era peor, casi dantesca. Sin apenas poder salir del asombro, los jiguaniceros veían con estupor cómo el río que atraviesa la ciudad, al salirse de su cauce, había arrasado con viviendas, inmuebles estatales, árboles, bancos, equipos electrodomésticos… recuerdos; y lo peor, hasta con una vida.

Las próximas horas, en casi toda Granma, la «furia» de las aguas penetrando en otras urbes y comunidades rurales también se haría sentir tras la caída de intensas lluvias que provocaron crecidas de ríos e inundaciones sin precedentes en varios territorios.

Bien lo sabe Yennis Milanés, quien también compartió en redes sociales la experiencia en la comunidad de Veguitas, perteneciente al municipio de Yara. «El agua llegó casi hasta la cintura dentro de la casa, así que se dañaron camas, colchones, armarios y otras cosas», señaló.

No obstante, Yennis comentó que en las comunidades rurales cercanas –algunas de las cuales permanecían inundadas hasta este lunes– las historias son más desgarradoras.

«En la casa de mis familiares, en Sofía (un asentamiento rural de Yara), llevan dos días con el agua dentro de la casa y sin corriente. Pero están bien y con fe en que todo pasará», afirmó.

Pobladores de la comunidad de Jibacoa, en Manzanillo, han asegurado a la prensa no haber visto antes un desbordamiento del río homónimo tan grande como el de las últimas jornadas.

Tensa ha sido, además, la situación en la montaña, en la que se registran derrumbes, deslizamientos de tierra y zonas sin acceso. En tanto, en los municipios costeros de la provincia –anegados en agua dulce– se han tenido que realizar traslados, por vía marítima, de embarazadas, enfermos, ancianos y personas vulnerables.

El panorama es complejo y duele. Pero, a pesar de la tragedia, de los daños por contar, y del dolor por lo perdido, en Granma también se habla del heroísmo de rescatistas al borde del peligro mismo; de la entrega de los muchachos de la FEU, quienes juntaron sus brazos para ir a socorrer adonde más falta hizo; de la solidaridad y las donaciones que ya llegan desde dentro y fuera de la Isla; del gesto hermoso de una brigada artística portadora de esperanzas; y del acompañamiento de un equipo de trabajo del país que, junto a dirigentes de la provincia, recorre palmo a palmo las zonas afectadas, para dialogar con su gente e impulsar soluciones.

Las cifras demuestran que la recuperación no será fácil, ni todo lo rápida que se quisiera.

Sin embargo, en Granma la premisa ahora es la de «guapear», demostrar que es posible salir adelante, y volvernos a recuperar.

Mailenys Oliva Ferrales

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