Partió Pablo Milanés en este noviembre, el mismo mes donde realizó aquel memorable concierto de 17 canciones en Bayamo, hace 12 años. Un concierto que nos dejó con las gargantas más vivas que nunca y la piel erizada y el deseo de más.

Se fue a la sobrevida con cientos de canciones a cuestas y con esa sinceridad que lo llevó a decir en la Plaza de la Patria: “Diez minutos antes no me veas, porque la verdad es que tiemblo mucho y me da mucho miedo, pero cuando subo al escenario no; me entrego por completo”.

Ese nerviosismo, que lo perseguía “a todas las partes del mundo”, formaba parte de su profesionalidad porque respetaba su trabajo y soltaba más que su voz de volcán bendito en cada presentación.

Nos dijo adiós el autor de “El breve espacio en que no estás”, una canción que estrenó en 1984 en su “patria chica”, como le decía a la Ciudad Monumento.

Aquí precisamente contó en 2010 cómo nació ese tema tan hermoso: “Lupiáñez (Pedro García Lupiáñez) era el presidente del Gobierno (provincial) y le dije a mi amigo, mi entrañable amigo: «Voy a estrenar una canción y quiero ver qué reacción va a tener el público bayamés con ella». Una canción que podía ser polémica y aquello fue extraordinario, como si la hubiera cantado ya en muchísimos lugares” .

Dejó su último suspiro en Madrid; sin embargo, probablemente en estas horas finales recordó las raíces, la abuela amada que le inspiró una canción preciosa, los familiares que lo llevaban de la mano “a que triunfara, a que fuera alguien en la vida, a que marchara por el camino de la cultura”; y acasó evocó también el mendigo que andaba con un saco por las calles y lo atemorizaba en la niñez (que también incluyó en uno de sus números musicales), sus visitas a la radio, su primera guitarra, los cumpleaños que festejaba modestamente cada 24 de febrero.

Se marchó el ser humano que decía con naturalidad que “el terruño de uno, donde nació, siempre deja huellas indelebles. Hay muchos recuerdos de mi infancia, hay muchas costumbres que las manifiesto en la cotidianidad, el habla, las costumbres que me impuso mi familia —de buen tono— y todas esas cosas”.

Partió Pedro Pablo Milanés Arias, a tres meses y dos días de cumplir 80 años, el hombre que nos comentó emocionado a varios periodistas: “En Bayamo siempre se vio una tendencia muy particular, una educación con tendencia al patriotismo, a querer los valores del país, y eso lo llevo en la sangre y me parece que todos los bayameses; es una tradición muy fuerte para que eso se pueda ignorar en el desarrollo de la vida de uno”.

Lamentablemente no pudo, como quería, dejarle una canción a las mujeres de su ciudad primera. Tal vez por haberlo pensado “mil veces”, o porque, como confesaba, no se atrevía por dos grandes antecedentes: la de Céspedes, del Castillo y Fornaris, y la de Sindo Garay. “Son extraordinarias las canciones y hay que tener mucho cuidado para no hacer el ridículo”, alegaba.

Partió Pablo, el de la nueva trova que revolucionó nuestra cultura para siempre, el de “Yolanda” que se volvió himno en incontables fronteras, el de “Sábado corto” que fue, por ventura, largo; “el de “No ha sido fácil”, Yo me quedo” y “Para vivir”.

Otros lo pondrán en pedastales ajenos a la música y el arte. Él estará, definitivamente, en un espacio cósmico, donde no caben las palabras.

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