Este tiempo también es el tiempo de Fidel

La presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz trasciende cualquier dimensión temporal y se manifiesta en quienes mantienen vivos sus ideales, afirmó a la Agencia Cubana de Noticias vía WhatsApp el doctor Fidel Antonio Castro Smirnov, científico y también nieto del líder histórico.

Aseguró, además, que la figura de Fidel no pertenece únicamente al pasado, sino que se expresa a través de la energía transformadora y la conciencia de quienes continúan su obra.

   “La ciencia y la física nos demuestran que la energía no desaparece, se transforma, y Fidel, como fuente inagotable de luz y fuerza, permanece entre nosotros en cada acción revolucionaria”, explicó.

   Castro Smirnov rememoró los momentos más íntimos compartidos con su abuelo, desde las atenciones recibidas durante una enfermedad en su infancia, hasta las largas jornadas de aprendizaje frente al tablero de ajedrez.

   Recordó las conversaciones sobre temas tan diversos como la nanotecnología, la teoría de la relatividad y las matemáticas, disciplinas que Fidel dominaba con asombrosa lucidez.

   Entre las anécdotas más personales, evocó aquella noche de 2002 en que el Comandante, con la sinceridad que lo caracterizaba, le expresó su afecto de manera contundente, gesto que el nieto correspondió con la timidez propia de la juventud.

   También mencionó las entrevistas con el intelectual Ignacio Ramonet, donde Fidel combinaba la solemnidad del análisis político con el humor más genuino.

   La cotidianidad compartida emerge en sus palabras a través de pequeños gestos: alcanzar un vaso de agua, ayudarlo a calzar las medias, leerle en voz alta o servirle una copa de vino durante las sobremesas; detalles que, según confesó, revelan la dimensión humana del líder, aquella que pocos conocieron pero que sus familiares atesoran como el mayor privilegio.

   El dolor por su partida física, admitió, continúa latente y se renueva con el paso del tiempo; sin embargo, ha aprendido a canalizar esa tristeza mediante homenajes cotidianos que mantienen viva la memoria.

   Las visitas a la piedra que guarda sus cenizas en el cementerio de Santa Ifigenia, los saltos en paracaídas portando su bandera y la dedicación de cada premio científico constituyen su forma personal de mantenerlo cerca.

   “Transformar el luto en alegría es la manera de cumplir aquel consejo que me dio en 2004, después de un accidente en Santa Clara: «¡No estés triste!»”, recordó Castro Smirnov, para quien esa frase se convirtió en filosofía de vida y guía para enfrentar cualquier adversidad.

   Desde 2002, cuando Fidel lo orientó hacia el camino de la ciencia y la Educación Superior, su trayectoria profesional ha estado marcada por ese legado.

   El proyecto Un Salto por Fidel, nacido de aquellas conversaciones, lo llevó en 2016 a lanzarse en paracaídas junto a 26 compañeros para celebrar los 90 años del Comandante, desafiando la gravedad como metáfora de la lucha permanente.

   Su vínculo con instituciones como la Universidad de Oriente, la Escuela Latinoamericana de Medicina y el Centro de Biofísica Médica —este último fundado por su abuelo— evidencia la continuidad de un pensamiento que concibe la ciencia como herramienta de emancipación.

   Además, integra la Cátedra Honorífica para el Estudio del Pensamiento y la Obra de Fidel, espacio desde el cual contribuye a preservar su legado intelectual.

   Los reconocimientos recibidos, entre ellos dos premios nacionales de la Academia de Ciencias de Cuba, el título de Académico Titular de esa institución y la Orden Carlos J. Finlay, representan para él no solo logros personales, sino tributos a la memoria de quien le enseñó que el conocimiento debe estar al servicio del pueblo.

   La lucidez de Fidel en sus últimos años, capaz de formular preguntas que aún hoy lo mantienen en vela buscando respuestas, constituye otro de los recuerdos que atesora.

   “Nunca me despedí de él ni pienso hacerlo”, afirmó convencido de que su presencia se manifiesta en cada pensamiento y cada acción inspirada en sus enseñanzas.

   Para Castro Smirnov, la vigencia del Comandante no depende de fechas ni conmemoraciones, sino de la voluntad colectiva de mantenerlo vivo a través de las obras.

   Mientras existan cubanos dispuestos a afirmar “Yo soy Fidel”, su legado permanecerá intacto, proyectándose hacia el futuro con la misma fuerza transformadora que caracterizó su existencia.

   El testimonio del nieto del líder histórico de la Revolución trasciende el homenaje familiar para convertirse en una reflexión sobre la inmortalidad de las ideas.

   En sus palabras resuena una convicción compartida por millones: el tiempo de Fidel no concluyó, porque su pensamiento sigue siendo faro y guía para quienes construyen cada día la obra revolucionaria.

Agencia Cubana de Noticias

Agencia con cobertura nacional de la República de Cuba.

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