Fidel en la fuerza del pueblo

Enfocados en la recta final de 2023, trabajando con intensidad y urgencia, enmendando errores propios, enfrentando el demoledor bloqueo enemigo, los cubanos conmemorarán este nuevo 25 de noviembre el fallecimiento del Comandante en Jefe y Líder de la Revolución, Fidel Castro Ruz.

Enfocados en la recta final de 2023, trabajando con intensidad y urgencia, enmendando errores propios, enfrentando el demoledor bloqueo enemigo, los cubanos conmemorarán este nuevo 25 de noviembre el fallecimiento del Comandante en Jefe y Líder de la Revolución, Fidel Castro Ruz.

Con esos cargos, entre otros que ostentó, quedó prendido para siempre en el alma de los suyos.

Por siempre vinculado estrechamente a la vida y destinos de sus compatriotas de cualquier signo ideológico, la inmensa mayoría del pueblo, que lo ama, sigue marchando con él a su lado, inspirados en su humanismo gigante y enciclopédicas lecciones políticas.

Si él afirmó cierta vez que la fuerza del pueblo estaba en su unidad y en su mayoría, sus connacionales reconocen, además, que su fuerza también radica en Fidel, en su obra innegable y la riqueza de su caudal intelectual, entre otras cualidades.

Su partida física sucedió poco después de haber llegado a su novena década, cuando llevaba varios años trabajando y recuperándose de las consecuencias de una grave enfermedad que tiempo atrás lo había puesto al borde de la muerte.

Desvinculado del alto cargo que había cumplido durante mucho tiempo, el líder máximo de la Revolución usaba su extraordinaria lucidez y sabiduría escribiendo lo que el nombró Reflexiones, artículos de fondo y comentarios de temas políticos acuciantes, de Cuba y el mundo, en lo cual también se reafirmó como el periodista de corazón que también era, además de abogado.

Un enorme simbolismo vio el pueblo en la coincidencia de su paso a la eternidad con el aniversario 60 del comienzo del viaje a Cuba de la expedición libertaria del yate Granma, comandada por él, que partió de México en fecha similar, pero del año 1956.

Hasta sus últimos momentos Fidel, como sencillamente lo llamaba su pueblo, siempre concibió que derechos humanos básicos como la igualdad de todos los ciudadanos, el acceso a la salud, la educación, el trabajo, la alimentación, la seguridad, la cultura, la ciencia y al bienestar, fueran pilares de la Patria nueva que quería ganar para todos y eran bienes deseables para los habitantes del planeta.

Tan ancho era su corazón y profundos sus sentimientos de libertad e igualdad. Así lo reiteraba en sus declaraciones y escritos siempre, en todas las tribunas posibles, haciendo una vivisección de álgidos problemas no solo de la Patria, también del planeta.

Su humanismo, como el humanismo martiano era esencial, igual al que los cubanos inspirados en su ejemplo intentan expresar hoy con acciones concretas más que palabras.

En una hora apremiante de trabajo y entrega, de creatividad y sobre todo de principios y patriotismo, de crudeza de una vida matizada además por múltiples alegrías, la impronta de Fidel sigue alertando sobre la necesidad de estar unidos y prepararnos para la defensa hasta los dientes.

También, mantener listas las armas del enfrentamiento a la intrigante guerra de cuarta generación, a la invasión desaforada de una plataforma de ideas y técnicas de comunicación enemigas muy poderosas, encaminadas a minarnos con la falta de fe y desaliento.

El crucial pensamiento de Fidel, planteado en los albores de la Revolución en 1959, de que nosotros mismos podríamos causar la pérdida de nuestro proceso justiciero si no nos preparábamos de manera integral, sigue estando vigente en la actualidad.

Por eso, junto al despliegue de medidas transformadoras o enriquecedoras, y al cumplimiento de planes de desarrollo que buscan sensibles incrementos de la producción agrícola e industrial, no ha cesado el esfuerzo por la educación, la salud pública y la cultura, contra viento y marea.

Seguir fieles al pensamiento de Fidel, en estos días en que muchos también lo homenajean en el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, donde reposan sus cenizas, ha significado, además, aprobar una nueva Constitución en 2019, y más leyes que han ratificado el compromiso del pueblo a su llamado al mejoramiento humano.

No mentir jamás y cambiar todo lo que debe ser cambiado, parte de su pensamiento, anima la obra de los cubanos patriotas que construyen el socialismo, a fuerza de principios, ideales y a costo de su vida, inclusive.

Fidel, desde la aurora de enero del 59 se entregó de lleno a la solución de los acuciantes problemas de su tierra, eso que hoy se llama Cuba profunda.

Para sus coterráneos significa seguir esforzándose, mantener el empeño de enfrentar el bloqueo con firmeza, ideas creativas, honradez, trabajo duro y con el apoyo pleno de la ciencia, la cultura y la tecnología disponibles, entre otras cosas obtenidas gracias a su visión política y humanismo.

Es de presumir, y no se equivoca quien lo piense, que este pueblo es fuerte, incluso mucho más de lo que a veces suele creerse cuando nos sentimos asfixiados o dolidos por el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos.

Con esa mentalidad se podrá resistir con soberanía, y más: crecer y mejorar. ¿De quién hemos tomado esa quijotesca y bella sed de victoria, de mostrar nuestra valentía?

En este noviembre en que la humanidad soporta y ve con horror la injusticia de una guerra bestial contra el pueblo palestino, preteridos y abusados en sus derechos desde hace 75 años, supuestamente en nombre de una causa justa, el Fidel internacionalista, el mismo que apoyó la colaboración a la independencia de Angola, a la de Namibia y a la caída del Apartheid en Sudáfrica, late en cada palmo de su tierra, de donde salieron miles de heroicos combatientes de la epopeya de África.

Igual, cuando en días corrientes se mantiene invariable y comprometido el accionar del contingente internacionalista de médicos y personal de la salud cubano Henry Reeve, fundado hace muchos años por el líder cubano.

Que la obra y el pensamiento iluminador de Fidel se multiplica en el presente explica en mucho porqué los cubanos ni se rinden ni se pliegan al feroz bloqueo imperial, puesto en marcha en 1962, pero incrementado de manera monstruosa en los últimos años a partir del mandato de Donald Trump, que el actual presidente no ha cambiado.

La lucha contra el cerco imperial y su condena se incrementa en el orbe, a pesar del despliegue colosal de dinero y tecnología enemiga para evitarlo. La conciencia planetaria se opone a esa política unilateral e injerencista y solo la egolatría y el gran poder de la maquinaria de la guerra y el odio lo sustentan. Cada vez se verá más caduco, anacrónico e inservible, además de criminal.

Sea este nuevo 25 de noviembre un día de lucha en el sentido más amplio de esta palabra, de crecimiento, homenaje, convicciones y fe invencible en un mundo mejor. (Marta Gómez Ferrals, ACN)

La Demajagua

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