VICEPRESIDENTE DEL ICRT, PROFESOR DE LA FACULTAD DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL (FAMCA) ES WALDO RAMÍREZ DE LA RIBERA, QUIEN NARRA SU PASO FUNDACIONAL POR LA TV SERRANA

“Tenía 23 años de edad, cuando llegué a la Televisión Serrana para cumplimentar un semestre de práctica laboral, como estudiante de Dirección de TV, en la filial holguinera del Instituto Superior de Arte (ISA).

“Iniciaba una historia en la que me fascinaron muchas cosas, sobre todo el espíritu de resistencia y creatividad en medio de las carencias del momento.

“Mi colega y amigo Rigoberto Jiménez averiguó los pormenores y al concluir nuestra carrera (julio de 1992), nos presentamos en Bayamo a los exámenes, para optar por plazas en un curso de habilitación que formaría a los futuros realizadores del proyecto. La idea era permanecer dos o tres años allá arriba, y estuve 12.

“La etapa inicial fue intensa en la que Daniel Diez, el directivo institucional, nos mostró un documento que planteaba”: “Las carreteras construidas en la Sierra Maestra, utilizadas para subir, un día servirían para bajar si no se le aporta una dimensión cultural al desarrollo…”

“Aquel mensaje cargado de profundo sentido humanista permitió, en menos de tres años, recoger sus primeros frutos. Como trabajador de la institución conocí a mi país, participé en los principales festivales nacionales y tuve las primeras experiencias en talleres internacionales.

“Percibí la importancia de vivir y trabajar desde y con la comunidad, gestar ideas, proyectos, a partir de la contribución local. Aprendí a respetar la sabiduría, la cultura campesina, la participación ciudadana de quienes viven en ese entorno.

“Allí supe valorar la creación, a los creadores: pensar, opinar, discutir nuestra obra, analizar lo que rodeaba y golpeaba la realidad serrana y nacional, reconocer el verdadero papel del promotor cultural y a quienes hoy son mis amigos.

“En aquel entramado montañoso conocí a mi esposa, editora de TV Serrana y de casi toda mi obra documental: forjé mi familia, mi hijo aprendió a gatear, a caminar y correr. Le vi mezclar su sonrisa entre los rostros de niños rurales y, como diría Daniel Diez, aprendí a diferenciar a la esperanza del saltamontes.

“Creamos el Centro de estudios para la Comunicación Comunitaria, que tuvo como documento programático de su política el texto de José Martí, que habla de los maestros ambulantes, quizás la mayor intención gestada dentro de la institución, que permitió la formación de los verdaderos realizadores, los campesinos.

“De los talleres iniciales, salieron los primeros jóvenes que se incorporaron a nuestro grupo creativo, Luis Guevara, el fotógrafo de La Chivichana fue uno de ellos, en el documental que marcó su primer trabajo como camarógrafo.

“Junto a otros tres compañeros iniciamos las investigaciones para ese trabajo, luego hicimos el guión colectivo, cuyo proceso de grabación, edición y tutoría asumí y confieso el disfrute al deslizarme en una chivichana loma abajo como piloto extra.

“Aquella productora de videos y documentales abrió una puerta de comunicación con proyectos similares en América Latina y Europa, facilitó intercambios con escuelas de cine, de Periodismo, la Famca del ISA, en La Habana y Holguín, estimuló giras de sus documentales por universidades de los EE.UU. y otras con objetivos afines.

“De igual manera, consolidó el intercambio con artistas de la plástica, trovadores, músicos, actores de los grupos: Viento Sur, de Sevilla, España, Andante, de Bayamo, Los Elementos, radicado en el Escambray cienfueguero…

“La esencia de todo ese encargo tuvo su basamento en un mismo concepto: realizar el trabajo desde dentro, sin ser invasivo. Esa manera de pensar y actuar devino universidad de mi vida, rodeada de gente sencilla y humilde que me aportó sus valores y el espacio forjador del que soy”.

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