Combate De Pinar Quemado: Audacia con una tropa novata

El comandante Ernesto Che Guevara, al conocer la presencia de una compañía enemiga en Pico Verde, a pocos kilómetros del campamento de El Hombrito, donde estaba basificada la columna no. 4 del Ejército Rebelde, organizó los pelotones para acatarlos en su posición de la finca de Julio Zapatero, a diez kilómetros al sur de la […]

Foto: La Demajagua

El comandante Ernesto Che Guevara, al conocer la presencia de una compañía enemiga en Pico Verde, a pocos kilómetros del campamento de El Hombrito, donde estaba basificada la columna no. 4 del Ejército Rebelde, organizó los pelotones para acatarlos en su posición de la finca de Julio Zapatero, a diez kilómetros al sur de la otrora Minas de Bueycito, hoy Buey Arriba, el miércoles 28 de agosto de 1958, hace 67 años.

La noticia la trasladó Félix Castellanos, quien informó que la unidad batistiana estaba formada por unos 180 soldados. En efecto, era la Compañía C, al mando del capitán Merob Sosa García, integrada por 140 efectivos, con la misión de operar en la parte sur del territorio de Bueycito.

Los pelotones guerrilleros estaban al mando de los capitanes Ramiro Valdés Menéndez, Eduardo Sardiñas (Lalo),  Ciro Redondo García y Raúl Castro Mercader. El armamento consistía en una ametralladora Maxim, el fusil ametralladora  Browning del Che, fusiles calibre 22, escopetas y unos 20 revólveres.

El Che solicitó al comandante Fidel Castro, quien se encontraba en la cercana zona Dos Brazos del Guayabo, un refuerzo de dos escuadras armadas con fusiles automáticos.

El Che escribió sobre eta audaz decisión: “Todavía era muy novata la fuerza, había que preparar a los hombres antes de someterlos a trajines más duros, pero las exigencias de nuestra guerra revolucionaria obligaban a presentar combate en cualquier momento. Teníamos la obligación de salirle al paso a quienes invadieran lo que ya empezaba a ser territorio libre de Cuba, una cierta parte de la Sierra Maestra”.

En la noche, los guerrilleros subieron al alto de La Maestra en medio de la oscuridad y el mayor silencio posible. Después, en una marcha cautelosa se acercaron a una loma próxima a Pico Verde, donde esperaron el amanecer.

El Che colocó los pelotones  en dos lomas contiguas, pensando atacar la casa de Julio Zapatero donde estaban los militares batistianos. Pero, con la claridad del día, el argentino apreció que la posición le quedaba muy lejos.

LA EMBOSCADA DE PINAR QUEMADO

Estratega creador y dinámico, el Che Guevara decidió preparar una emboscada en lo alto del camino que conducía al alto de La Maestra. El punto escogido fue Pinar Quemado, donde el camino formaba una pequeña curva, en un ángulo de casi de 90 grados, porque obligaba a bordear una gran piedra.

El propio Che Guevara se encargaría de detener la vanguardia enemiga, con el fuego de su fusil Browning, apoyado por los tiradores mejor armados de la unidad. El pelotón Ciro Redondo los atacaría en una forma oblicua, mientras los pelotones de Lalo Sardiñas y Ramiro Valdés, los atacarían por los lados lado este y oeste, respectivamente.

Una vez liquidados por los tiradores, la  escuadra del teniente Raúl Castro Mercader debía avanzar y tomar las armas de los caídos. La retirada sería protegida por la escuadra de retaguardia mandada por el teniente Juan Vitalio Acuña (Vilo).

EL COMBATE

Ya en la mañana del 29 de agosto, desde el amanecer, los rebeldes observaron el ajetreo de los militares batistianos. Poco después observaron que subían hacia Pinar Quemado. Los guerrilleros ocuparon sus posiciones y se mantuvieron tendidos en el terreno para no descubrir su presencia.

Los uniformados avanzaban lentamente y de forma dispersa. A las 8: 05 de la mañana, la punta de vanguardia bordeó la piedra de referencia. Por eso, el Che Guevara abrió fuego contra el sexto soldado. A continuación un diluvio de metralla cayó sobre la sorprendida fuerza del régimen.

El área fue dominada rápidamente por los rebeldes, obligando al enemigo a retroceder por el camino y el cauce de un arroyo. En esta primera fase ocuparon un revólver Colt calibre 45 y algunas balas, de un soldado herido de gravedad.

Al poco tiempo, el comandante Merob Sosa organizó el contraataque con fuego de dos ametralladoras Browning 30.06,  una bazooka y un mortero 60 milímetros.

Una vez logrado el objetivo de desconcertar al enemigo y provocar daños psicológicos, el Che dio la orden de retirada hacia el alto de La Maestra. En cumplimiento de su misión Vilo Acuña enfrentó la avalancha del adversario, sufriendo la pérdida del combatiente Hermes Leyva Iglesias, natural de San Luis, en Santiago de Cuba.

LAS NUEVAS EMBOSCADAS

Desde la zona de El Guayabo llegaba el refuerzo enviado por Fidel al mando del capitán Ignacio Pérez Montano.

Acerca de los nuevos planes defensivos el Che anotaba: “La retirada se efectuó en dirección a las alturas del Hombrito y allí se dejó un patrulla heterogénea para defender ese punto, pues la retaguardia se había retirado por otro camino.  La gente bajó al valle del Hombrito a buscar las mochilas; por un error, la escuadra que hacía de retaguardia se retiró a las alturas de la Maestra…”.

Las defensas se escalaron desde las alturas de El Hombrito hasta el alto de Conrado Enríquez. Sin embargo, el capitán Merob Sosa no subió al firme de la Maestra. Prefirió mantenerse en el alto de Pinar Quemado realizando disparos al aire y al atardecer bajo en dirección a San Pablo de Yao.

Como parte de la represión contra la población campesina, el sanguinario Merob Sosa capturó a varios vecinos de los contornos, a los que acusó de simpatizar con los alzados. Después de ultrajarlos, asesinó cobardemente a cuatro de ellos: Abigail, Calixto, Gonzalo González y Pablo Lebón (Pablito), este último de origen haitiano. Su único deleito fue vivir relativamente cerca de Pinar Quemado, pero inocentes totalmente de la maniobra preparada por el Che.

Por supuesto, el parte rendido por Merob Sosa sobre esta acción señalaba que había obtenido la victoria y presentaba la muerte de los humildes campesinos como bajas rebeldes ocurridas en el combate.

LECCIONES PARA LA GUERRILLA

De estas acciones el Che Guevara realizó las oportunas críticas toda vez que no hubo una actuación plausible de todas las fuerzas. En tal sentido señalaba: “Este combate nos probaba la poca preparación combativa de nuestra tropa que era incapaz de hacer fuego con certeza sobre enemigos que se movían a corta distancia…”.

No obstante, el sagaz jefe guerrillero la consideró una importante victoria: “Con todo, para nosotros era un triunfo muy grande: habíamos detenido totalmente la columna de Merob Sosa que, al anochecer, se retiraba…”

Y orgullo agregaba: “Todo esto lo habíamos conseguido con un puñado de armas medianamente eficaces contra una compañía completa, de ciento cuarenta hombres por lo menos, con todos los efectivos para una guerra moderna…”.

FUENTES: Ernesto Che Guevara: Pasajes de la guerra revolucionaria (1963); William Gálvez Rodríguez: Che en Cuba: el guerrillero (2007); y Andrés Castillo Bernal: Cuando esta guerra se acabe. De las montañas al llano (2000).

La Demajagua

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