Aniversario 65 de la batalla de Guisa: Celia Sánchez, imprescindible para la victoria

Era la mujer en el centro de la lucha revolucionaria, la combatiente integrada a la masa del pueblo: en cada definición acerca de Celia Sánchez Manduley se va descubriendo una rica y sorprendente historia de la heroína de la Sierra y el Llano.

Cuando, por ejemplo, se afirma que no creía en “fantasmas” y que era “una guerrillera nata”, cabe preguntarse ¿por qué no cuenta con más textos que proyecten abundantemente su condición de legendaria luchadora?

La repuesta parece estar en el libro Celia: ensayo para una biografía (2004), del historiador Pedro Álvarez Tabío, donde se recoge su vida y obra.

Desde el desembarco del yate “Granma”, Celia estuvo directamente vinculada a los sucesos más sobresalientes de la lucha antibatistiana. Fuerte y valiente,  sensible y leal, escenificó episodios memorables, necesitados de más divulgación.

EN MEDIO DE GRANDES DESAFÍOS

De la batalla de Guisa, se ha ponderado, con justicia, el papel del Comandante en Jefe Fidel Castro, como genial estratega y correcto en las maniobras tácticas y operativas; del capitán Braulio Curuneaux, el valor espartano y el experto manejo de la ametralladora calibre 30.06; del capitán Ignacio Pérez, las arduas peleas en Monjará, San Pedro, Monte Oscuro y El Horno, y la presencia de cinco mujeres en la primera línea de fuego: Ada Bella Acosta Pompa, Rita García Reyes, Eva Rodríguez Palma, Flor Pérez Chávez y Ángela Antolín Escalona (Angelina).

Sin embargo, muy pocas páginas de esta famosa batalla, librada entre el 20 y 30 de noviembre de 1958, están dedicadas a Celia Sánchez, a pesar de su rol decisivo en muchos aspectos. El texto citado de Álvarez Tabío simplemente recoge que se hizo cargo del puesto de mando establecido por Fidel en la zona de Santa Bárbara. Y, en sentido general, ilustra que durante los combates se vivieron “jornadas de insomnio, tensión y actividad”.

Por suerte, para la reconstrucción de las acciones en Guisa se cuenta con valiosos testimonios de la propia heroína, en cartas escritas en los meses finales de la guerra liberadora y en entrevistas a ella y otros rebeldes, depositadas en la Oficina de Asuntos Históricos de la Presidencia de la República.

Gracias a estas fuentes, puede conocerse las incidencias de su presencia en el teatro de operaciones militares, como miembro del Estado Mayor General del Ejército Rebelde, donde cumplía tareas de aseguramiento logístico, control y repartición de las finanzas y de ayudante del Comandante en Jefe.

Además, Celia se había trazado el propósito de salvar para la historia los documentos redactados por Fidel y otros dirigentes de la Revolución.

Dadas sus múltiples visiones sobre los sucesos de Guisa, por ahora, sólo se contemplan los hitos fundamentales y que resultan aportes al expediente revolucionario de ella. En todo momento compartió las ideas, trabajos y afanes de Fidel, viviendo cada una de las odiseas de la ofensiva revolucionaria. Ningún detalle del acontecer militar y político le fue ajeno, porque estaba en el centro de la conducción y la solución de los más complejos desafíos, siempre junto a Fidel.

Ella quedó encargada de coordinar la llegada de toda clase de recursos bélicos y víveres para las tropas. Por eso, le fueron subordinados los grupos de suministros mandados por el capitán Francisco Tamayo (Pancho) y los tenientes Armando Botello Zambrano, Arístides Guerra Pérez, Pablo Pupo Marrero y Sebastián Arteaga Guerra.

Con diez días de batalla, el 29 de noviembre de 1958, escribía al comandante Faustino Pérez (en La Plata): “Pero el trabajo que hay aquí desde el día 19 es agotador. Hacía hoy tres días que no sabíamos lo que era un pestañazo.”

Desde el 19 de noviembre en la noche, tomó parte en la voladura del puente situado en Monjará, para evitar la llegada de refuerzos enemigos desde el puesto de mando de la Zona de Operaciones de Bayamo, a cinco kilómetros en línea recta.

Estuvo atenta a la compra de una planta de radio y otra eléctrica, en Bayamo; la adquisición de balas y obuses de morteros con los guardias del mismo puesto de mando batistiano, y la obtención de una máquina de escribir y un tocadiscos en el poblado de Guisa.

El día 20 en la tarde, después de destruida con mina rebelde una tanqueta ligera T-17, al norte de Guisa, Fidel y Celia llegaron hasta la carretera. Ya junto a la vía, Celia comentó: “Comandante, desde hacía casi un año que yo no pisaba el asfalto” y este le dijo: “Tengo más tiempo que tú.” Y de seguido, ambos dieron dos zapatazos en el pavimento.

De igual manera, fue sobresaliente su labor en garantizar las condiciones para el trabajo del médico Eduardo Bernabé Ordaz, en la cueva de Santa Bárbara, y de Raúl Trillo Gómez y Eduardo Sarría Vidal, en el hospitalito provisional montado en la zona de El Corojo.

En medio de las acciones, el 21 de noviembre, llegaron a Santa Bárbara sus hermanas Griselda y Acacia Sánchez, las que cooperaron con ella en los abastecimientos a las tropas.

De los combates comenzados el 26 de noviembre, contra un poderoso batallón, apoyado con tanques y aviones, testificaba: “…entró un refuerzo con dos tanques y dos compañías, once camiones,  con equipos bélicos, ropa, mercancías, de todo, hasta camas y buró. Iban de mudada. Nuestras fuerzas tomaron posiciones magníficas. Abrieron trincheras por todas partes, hicieron una verdadera fortaleza. Curunox hizo 200 trincheras. Comenzó el fuego a las doce menos cuarto de ese día hasta el otro día 27 a las 6:00 de la tarde que se fue en fuga el ejército. Un combate de fuego cerrado durante 30 horas. Esto es increíble. No hubo dos minutos que se oyera el fuego más tenue.”

Y evaluando la magnitud de las acciones, significaba: “Nunca en la Sierra ha habido batalla más intensa. Es increíble que los muchachos resistieran. Y que los guardias se mantuvieran cercados, les abrigó la esperanza de que los nuevos refuerzos que les venían de Bayamo. Ejército, tanques, cañones, etc., avionetas y aviones cazas. A las 5:00 de la tarde llegaron dos aviones más que con urgencia pidieron a La Habana. Nada hizo atemorizar a nuestros muchachos, cada vez combatieron con más valor y dispuestos a morir todos antes que dejar pasar a Guisa la guardia.”

En una nota a Curuneaux, Celia le decía, el día 26 en la tarde: “Te mando el mensaje de Fidel en respuesta al tuyo. Ya sabes que puedes avisarme en relación con cualquier necesidad que tengas. La carta de Puerta te ruego me la hagas llegar, pues creo queda cerca.”

LA MUERTE DE CURUNEAUX Y OTROS COMPAÑEROS

Uno de los momentos más dolorosos vividos por Celia en Guisa fue la caída en combate del capitán Braulio Curuneaux. En pequeña nota a su hermana Acacia Sánchez, quien había salido hacia la auditoría de La Estrella, en la zona de Bueycito, le expresaba: “Las cosas están mejorando, favorables a nosotros, parece que los guardias se retiran a Bayamo pero no les es posible. Lo terrible ha sido que mataron a Curunox. A mí me ha desbaratado toda. Lo siento en todos los sentidos. Un soldado ejemplar, amigo y compañero.”

En otra carta, escrita al comandante Faustino Pérez (en La Plata), el 29 de noviembre de 1958, le contaba: “A las 6 fuimos al lugar de combate. Habíamos perdido a Curunox y otro de sus muchachos, allí, ante el triunfo heroico, lloraban todos. Debían estar cansados, con sueño, con hambre, en fin, agotados. Se dispusieron a registrar todo el lugar de combate, enterrar a los dos compañeros  caídos,  tres, porque en la trinchera también estaba un muchacho que trabajaba con el Dr. Frau…”

En breves frases expresaba los hondos sentimientos sobre Curuneaux, que sólo podían nacer del conocimiento y el aprecio de las cualidades del inmenso mártir guantanamero.

Por otra parte, se está ante una significativa aclaración para despejar el gran enigma de Guisa: ¿quién es el soldado desconocido? Sobre este sensible tema, brinda sólidas pistas y deshace algunas hipótesis, al afirmar  que era un joven guerrillero, quien peleaba subordinado al auditor Lorenzo Frau Marsal.

No era un ayudante de Curuneaux ni un ex soldado de la tiranía sumado a última hora a las filas rebeldes, sino un “auxiliar” del abogado Lorenzo Frau, en la capitanía de Las Peñas, al suroeste de Guisa.

Frau Marsal estaba en esos momentos en la Loma del Martillo y ayudó a la combatiente Angelina Antolín a salir de su trinchera desbaratada por un morterazo. Ella ocupaba la posición a unos seis metros por detrás de la  de Curuneaux y resultó herida levemente por  esquirla del obús en el muslo derecho. Del modo en que salió de aquel aprieto, precisaba Angelina: “El primero en salir fue Rafael Reyna, el que escarbó en la tierra y quitó las piedras y terrones para sacarnos con vida…Entonces me arrastré para la trinchera donde estaba el abogado Frau Marsal y otros más. Frau me dijo que me quedara quieta, que los tanques cuando tiraban varias veces para un mismo lugar, luego se viraban para otro lado…”

A este lugar llegó Frau acompañando a Guillermo Gonzalez Polanco, con la misión de instalar una planta eléctrica, un tocadiscos y los micrófonos para hablarles a los guardias cercados en el arroyo Cupainicú. Este grupo lo completaban el arriero Juan Ramírez Leyva, Enrique Benítez y Daniel Pompa Hidalgo, como ayudantes.

Algunos años después, Juan Ramírez recordaba: “Sin pensar en las balas ni en los morteros y en todo aquel infierno, avancé hasta la trinchera de Curuneaux. Allí ya estaba Gonzalo Camejo, Rafael Moreno y el doctor Frau tratando de recomponer los cadáveres, porque quedaron tan destrozados que se hacía imposible componer de nuevo los cuerpos de Curuneaux, Guillermo González y otro jovencito, cuyo nombre no recuerdo, el que había ido con Guillermo a instalar los altoparlantes.”

En sus testimonios, el capitán Gonzalo Camejo, segundo de la tropa de Curuneaux, aclaraba que el tercer muerto era un ayudante de Guillermo González, no de la ametralladora de Curuneaux. En tanto, el combatiente Manuel Muria Montaña recordaba que se trataba de Daniel Pompa, quien murió a consecuencia del segundo disparo del tanque, el cual impactó en las trincheras más atrás de Curuneaux.

LA VICTORIA DE GUISA

Sobre la ofensiva contra el cuartel de Guisa, en la noche del 28 para el 29 de noviembre, Celia anotó: “Anoche se les metió el tanque a los de Guisa, se les desbarató el cuartel pero el tanque se les fastidió con un bazucazo. Tuvimos un muerto, Moreno… otro herido, Camejo.”

El 29 de noviembre, informaba a La Plata: “En este momento se debe estar combatiendo por Monte Oscuro, un refuerzo de Bayamo a Guisa.”

La victoria tremenda de Guisa, el 30 de noviembre, Celia la celebró con su característico optimismo: “Ya tomamos Guisa, ganamos esta batalla y ahorita ganaremos la Revolución.”

En carta al entonces capitán Aldo Santamaría, director de la Escuela de Reclutas de Minas del Frío, el 9 de diciembre de 1958, pregonaba el valor de los combatientes en Guisa: “Estuvimos diez días, se libraron las batallas más grandes de esta guerra. Aldo, lo que han resistido los muchachos no tiene comparación. Tanques y aviones con la infantería. El cañón volaba las trincheras…”

Y en otra parte del mismo documento, le señalaba: “En la guerra no se disfrutan las victorias. Recordábamos a Curuneaux y a los otros compañeros que dejábamos allí. La carretera estaba llena de carros quemados, otros patiparriba, un tanque explotado por una mina, un cadáver de guardia a cada paso, un pedazo humano por donde quiera y un olor a muerto por todas partes. ¡Qué terrible es la guerra!”

Muchas novedades puede revelar todavía el estudio de las raíces revolucionarias y las luchas de Celia, brindando más elementos para completar la imagen de guerrillera indomable, y sustanciando los hechos,  para sentir el orgullo de su tesón magnífico y sus virtudes de creación, vigilancia y fe inquebrantable en la victoria.

La Demajagua

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