La dignidad de un pueblo no se puede bloquear

El 3 de febrero de 1962 el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, estampó su firma decretando el bloqueo total contra Cuba. Cuatro días después de dictada la orden presidencial, se hizo oficial la ilegal e inhumana política de Washington.

Comienza el segundo mes de un año desafiante en todos los órdenes, no solo para Cuba, sino para la región y el mundo. El calendario marca un nuevo día. La pequeña y gran Isla, otra vez amanece bajo los efectos del más cruel de los bloqueos, como ocurre desde hace más de seis décadas en la historia de la nación.

La que vivimos hoy, ha sido la realidad de generaciones de cubanos. Es la batalla diaria de la resistencia de un pueblo. Es la lucha cotidiana contra las maniobras enfermizas de sucesivos gobiernos norteamericanos, que han ignorado durante años el reclamo de la comunidad internacional que exige el cese de la inhumana política de asfixia económica contra la familia cubana.

Durante más de 60 años, el bloqueo económico, comercial y financiero ha definido la política de los Estados Unidos hacia la rebelde isla caribeña. Los efectos de esta guerra contra la economía, la sociedad y los sueños de progreso de millones de cubanos, no han cesado ni un solo día. En los últimos años, la cruel política de la administración norteamericana ha sido recrudecida.

Ciertamente, los impactos de ese cerco de asfixia económica se ven reflejados en todos los ámbitos de la sociedad. Ningún sector escapa de los impactos del bloqueo, el más prolongado y abarcador sistema de medidas coercitivas unilaterales jamás aplicado contra nación alguna.

El gobierno de los Estados Unidos ha ignorado por más de treinta años las sistemáticas resoluciones aprobadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas y las voces a lo interno de la sociedad estadounidense que abogan por poner fin al bloqueo. Es una política obsoleta que ha terminado por desacreditar y aislar a la norteña nación. Sin embargo, se mantiene inamovible.

La persecución financiera se ha reforzado aún más con la arbitraria inclusión de Cuba en la lista unilateral del Departamento de Estado sobre supuestos países patrocinadores del terrorismo. Esa absurda posición del inquilino de la Casa Blanca pudiera modificarse con solo una firma. Sin embargo, no existe la voluntad política de revertir una de las medidas más dañinas que gravita sobre todos los sectores de la economía nacional, aun cuando se conoce que los motivos esgrimidos para su aplicación son infundados y deshonestos.

Más allá de las cifras millonarias que han dañado nuestro desarrollo económico, cada cubano tiene su propia vivencia de la hostil política de Washington: el medicamento que nos falta, los materiales escolares, la industria que se detuvo por los equipos que no pudimos comprar, la vivienda que no se construyó, el transporte carente de piezas de repuesto, y qué decir de la situación electroenergética nacional, que cada día golpea todos los sectores de la vida nacional.

Mientras la Casa Blanca aplica con rigor su guion contra Cuba, en el interior de la sociedad norteamericana una buena parte de sus ciudadanos, e incluso de la emigración cubana en ese país, favorece la normalización de las relaciones bilaterales. En el Congreso de los Estados Unidos, que convirtió en Ley las disposiciones del bloqueo, también existen congresistas opuestos a esa política.

El pueblo de Cuba es heroico. Lo muestra cotidianamente. Con nuestras luces y sombras hemos salido adelante, apreciando siempre la inmensa solidaridad internacional. A Cuba la amamos y defendemos sus buenos hijos, pero también muchas personas, movimientos y organizaciones amigas en diferentes latitudes.

La osadía de nuestro pueblo es reconocida y admirada a escala global. El mayor desafío está en preservar la unidad de la nación, porque ante el mundo, el bloqueo ya fue vencido con una resistencia inigualable. La dignidad de un pueblo no se puede bloquear.

EMBARGO NO, ES BLOQUEO

Uno de los principios aceptados en el Derecho Internacional desde la Conferencia Naval de Londres, de 1909, define que «el bloqueo es un acto de guerra». Sin embargo, desde el 3 de febrero de 1962, cuando el presidente John F. Kennedy estampó su firma, decretando esta ilegal política contra Cuba, los continuos inquilinos de la Casa Blanca, tanto republicanos como demócratas, la ratificaron bajo el manido y falso pretexto de que es un “asunto bilateral”.

El entonces presidente de los Estados Unidos, cumpliendo el mandato que le había encomendado el Congreso de su país, mediante la Sección 620a de la Ley de Ayuda Extranjera, de septiembre de 1961, declaró oficialmente el bloqueo total contra Cuba a partir de las 12:01 del 7 de febrero de 1962, aunque la orden presidencial la había firmado el día 3.

Desde esa fecha, el bloqueo estadounidense ha sido el principal obstáculo para el desarrollo de la isla caribeña. Se trata de más de sesenta años de intento de asfixia económica, de persecución financiera, de carencia de alimentos y medicinas, la imposibilidad de conseguir repuestos para las maquinarias que se deterioran o el transporte público, la falta de materiales escolares, o, en muchos casos, las restricciones impuestas a quienes desean hacer donaciones solidarias a nuestro pueblo.

Contrario a lo que pretende presentar Washington, el bloqueo no es una cuestión bilateral entre los dos países. Su carácter extraterritorial se mantiene y se emplea con total impunidad, en franca violación del Derecho Internacional.

Las sanciones ejercidas contra Cuba por sucesivas administraciones estadounidenses no se enmarcan en la definición de “embargo”. Por el contrario, trascienden este y tipifican como “bloqueo” al perseguir el aislamiento, la asfixia y la inmovilidad de la nación, con el perverso propósito de ahogar a su pueblo y llevarlo a claudicar de su decisión de ser soberano e independiente.

La Ley Torricelli promulgada en 1992 reforzó las medidas económicas y brindó sustento normativo a la extraterritorialidad del bloqueo. Cuatro años después, en 1996, se puso en vigor la Ley Helms-Burton, con el objetivo esencial de obstaculizar y desestimular la inversión extranjera en la Isla, así como de internacionalizar el bloqueo económico, comercial y financiero.

Radio Bayamo

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