
Es criterio de muchos productores del gramo que este renglón tiene muchas ventajas, no sólo en el ámbito productivo, sino que constituye uno de los alimentos tradicionales en la cocina de los cubanos.
Se trata de introducirse en el mundo de la plantación de las diferentes variedades de frijoles, conocer el ciclo de desarrollo de cada una, los meses ideales para sembrarlos de acuerdo con el cambio climático actual, dijo Leonides Díaz Sánchez, uno de los campesinos que ya logra considerables volúmenes de fríjoles, aún con limitaciones de recursos y fertilizantes.
El labriego en esta campaña logró unos diez quintales en una parcela pequeña.
El campesino afirma que es posible autoabastecerce de frijoles y tributar al consumo social, experimentando e introduciéndose en este cultivo, que el éxito depende del conocimiento y la experiencia qué se vaya adquiriendo en su siembra y labores cultural.
Expone el campesino, que un momento de complejidades es al cosechar el frijol, ya que hay que arrancarlo del campo, hacerlos mancuernas o masos como dicen los campesinos, preparar el lugar donde se pondrá a secar, actividades que llevan un nivel de complejidad y habilidades para realizarlas.
Argumentó que una de las alternativas o iniciativas es la realización de Juntas entre los campesinos y sus familiares y vecinos, ya que siempre fue una manera de ayuda mutua en los campos cubanos.



