
Iniciadora e impulsora de la idea fue Vilma Espín, heroína de la Sierra Maestra y fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), que presidió hasta su fallecimiento el 18 de junio de 2007.
Como su promotor mayor puede definirse de igual manera el aporte a este logro del Comandante en Jefe Fidel Castro, quien siempre con su visión de futuro compartió la relevancia de la iniciativa.
Esas instalaciones iniciales se ubicaban en 10 de Octubre, Arroyo Naranjo y Centro Habana. Llevaron por nombre Camilo Cienfuegos, Ciro Frías y Fulgencio Oroz, respectivamente, apelativos que sonaban a revolución y porvenir.
Para ayudar al joven gobierno a edificar esas instituciones, la también recién nacida FMC puso en práctica múltiples variantes para recaudar fondos, entre ellas la celebración de ferias, tómbolas y la emisión de sellos de correo e impresión de postales.
La idea, sencilla: liberar a las mujeres del encierro hogareño, darles un lugar seguro donde cuidaran a sus hijos mientras trabajaban, y a los niños, una educación temprana en valores socialistas.
Comenzaron con un personal compuesto fundamentalmente por domésticas, amas de casa y muchachas campesinas que venían a estudiar a la capital. En todas ellas prevalecía el amor por los pequeñines. Al principio solamente los cuidaban, pero la meta era más ambiciosa: educarlos.
Hasta inicios de la década del 80 esos inmuebles los dirigió el Instituto de la Infancia y después los asumió el Ministerio de Educación, para lo cual se creó el subsistema de educación preescolar que abarcó a esos infantes.
Son, más bien, espacios donde el ingenio suple la escasez: las canciones se aprenden de memoria, los juguetes rotos se convierten en rompecabezas y el afecto compensa lo que falta en recursos, que no es poco.
También los largos brazos del genocida bloqueo imperial se hacen sentir en la cotidianidad de esos centros, donde los más bisoños de la familia empiezan a ser formados como los hombres y mujeres de bien del mañana.
En los tiempos actuales que vivimos con un recrudecido cerco de Estados Unidos por la adhesión del sitio energético, esas imprescindibles instituciones siguen abiertas, como sucedió cuando la nefasta epidemia de la COVID-19.
“Los círculos durante todos estos años han demostrado su potencial para preparar a los infantes en tareas educativas, en la socialización del juego y sus roles”, afirman directivas del giro.
A partir de las etapas iniciales, los esfuerzos estuvieron dirigidos al fortalecimiento de la atención, el Programa Educa a Tu Hijo y de incentivos para los menores, junto con el perfeccionamiento de la formación de la empleomanía.
Otra de las faenas del organismo rector apunta a la incorporación de las Vías no Formales en la educación preescolar.
En Cuba existen unos mil círculos atendidos por educadoras preparadas y aunque no cubren la demanda, satisfacen las necesidades de más de 100 mil infantes. El 70 por ciento de la población infantil preescolar participa en el programa Educa a Tu Hijo.
Precisamente, para encarar ese déficit en capacidades cobraron vigencia las Casitas Infantiles, que obedecen a una de las acciones del Programa Nacional para el Adelanto a las Mujeres.
Estas casitas –que suman hoy más de 260— se erigen en una modalidad de atención educativa que opera dentro de una entidad laboral; la misma genera sus propios recursos y condiciones para mantenerlas, ofrecen cuidado a los hijos o menores familiares de sus trabajadores y también de la comunidad circundante.
Además, existen las guarderías particulares, que implican otros requisitos, pues hay que pagar el servicio y llevar lo que los pupilos consumen durante su estancia. Aparecen como otra opción ante la falta de más ofertas estatales y los progenitores acuden a ellas ante la imperiosa necesidad de dejar a buen resguardo a su descendencia en tanto se encuentran laborando.
Sesenta y cinco años después de su fundación, los Círculos Infantiles no son ni la utopía pedagógica de los sesenta, ni tampoco los escombros que algunos pronosticaron.
El sistema cubano de atención a la primera infancia evoluciona con creatividad y solidaridad frente a desafíos económicos y logísticos. Mientras las casitas resuelven necesidades inmediatas en áreas específicas, los círculos infantiles mantienen su relevancia como pilares de ese subsistema.
La sostenibilidad de ambos modelos dependerá de fortalecer alianzas comunitarias y priorizar recursos para garantizar el desarrollo integral de las más nuevas generaciones.
Mantener abiertos esos centros, ha contribuido al cuidado de los hijos de un número considerable de madres trabajadoras que se desempeñan en labores vitales del país. En tal sentido, cabe resaltar las palabras del Comandante Fidel cuando expresó, en el acto constitutivo de la FMC, el 23 de agosto de 1960, “hay que estudiar todos los problemas de las mujeres que tienen que trabajar y no tienen donde dejar a sus hijos…”
Los Círculos Infantiles tienden a proporcionar el desarrollo físico y mental armónico de los niños y las niñas, prevenir enfermedades, trasladar a la vida familiar las costumbres y hábitos higiénicos educativos de la institución y ayudar a los padres a conocer y orientar mejor a su descendencia.
Durante más de seis décadas han favorecido la integración plena de las féminas a la sociedad y desempeñado un importante papel en la formación de los infantes desde las edades más tempranas.
Con ejemplaridad y empeño realizan sus colectivos las tareas diarias –incluyen alimentación, aseo, sueño y actividades pedagógicas y docentes– y es sorprendente el conocimiento que los pequeños adquieren en esos planteles.
Quién no ha sido testigo alguna vez de cómo la grey infantil va feliz de mano de sus mayores camino hacia esas vitales dependencias.
En ocasiones, también portan flores para las seños, quienes los reciben con sonrisas y a cambio obtienen un beso cálido como recompensa.
No en balde una de ellas, entrevistada por la Agencia Cubana de Noticias, afirmó: “Mientras haya niños que lleguen cada mañana, habrá un futuro que cuidar”.



