Como manifestara en ese cónclave de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, “sin la movilización consciente de los trabajadores nada será posible, ni el gran salto productivo que demanda la economía nacional ni la calidad de todos los procesos de control y fiscalización que deben acompañarlo”.
Ante ese llamado se impone, sin dudas, que los colectivos laborales en el territorio nacional, de cuyo seno surgió el potente movimiento de innovadores y racionalizadores, participen con renovados bríos en el proceso de transformaciones económicas y sociales en marcha, y debatan con la administración cómo ser más eficientes en su empresa y sobre la política salarial, entre otros temas.
Dichas disposiciones, traducidas en 176 reformas económicas y sociales ya aprobadas por el pleno del Comité Central del Partido y la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento), devienen, sin dudas, entramado de la nueva arquitectura empresarial con autonomía, propiedad mixta y el regreso de la diáspora como inversora, reflejaron medios de prensa.
Entre otras medidas, el paquete referido incluye la ampliación de las facultades a los municipios, la transformación de las empresas estatales en sociedades por acciones y el rediseño de las Organizaciones Superiores de Organización Empresarial (OSDE), de modo tal que se desaten las fuerzas productivas del país.
Contempla además, como un punto de inflexión al modelo socialista, cambios en el modelo de gestión de los actores económicos, la recuperación de ramos como la agricultura, el fin de los topes al sector privado y atraer el capital de la diáspora.
Esas modificaciones, que también apuntan hacia una mayor descentralización de la economía nacional, han desatado una campaña de descrédito en las redes sociales por los odiadores de siempre de la Revolución, la cual enarbola el principio de su razón de ser: de los humildes, por los humildes y para los humildes.
Toca al pueblo cubano, junto a sus lideres, encauzar las actuales transformaciones económicas y sociales, en medio de un recrudecido bloqueo económico, comercial y financiero aplicado desde hace más de 60 años por Estados Unidos, cuyo gobierno ejecuta desde hace seis meses un cerco petrolero.
A los actuales cambios se refirieron, como en otros escenarios, los participantes en el octavo encuentro regional de la Red de Cubanos Residentes en América Latina y el Caribe, clausurado el domingo último en la capital uruguaya de Montevideo.
Dentro de ese marco, el presidente pro tempore de la organización, Enrique Portuondo, manifestó que la diáspora cubana está llamada a contribuir al desarrollo de la isla.
Tras pedir a sus compatriotas fortalecer las campañas de solidaridad con la patria del revolucionario e intelectual José Martí, consideró que “los cubanos que hoy residimos en cualquier parte del mundo tenemos la responsabilidad de participar en la transformación de nuestro país, para fortalecer el socialismo y darle cumplimiento a las medidas asumidas por el Gobierno”.
Así, en marcha apretada, como la Plata en los Andes, al decir de Martí, se unen los cubanos tanto dentro como fuera del país en defensa de su patria y conquistas sociales en campos tan diversos como la salud, la educación y el deporte.




