Los tiempos infinitos de Juan Marinello

«Poeta en actos, maestro en la actitud y el ejemplo»
Textos suyos son de obligada consulta para entender la dimensión creativa del Apóstol. Foto: Osvaldo Salas

Llegó al mundo, un día como hoy, hace 125 años, y aunque en  marzo de 1977 partió inexorablemente hacia lo definitivo, sigue ofreciendo su altísima palabra desde  un sitial  ampliamente merecido.

Hay seres que nacen para iluminar lo que tocan.

Juan Marinello Vidaurreta, notable intelectual cubano, es uno de ellos.

Muchos son los escaños en los que dejó su huella. Referirse a esos parajes escogidos por los hombres de bien, remite a su nombre inmaculado y cabal, como tantos que en nombre de Cuba actúan y piensan.

Nació en Las Villas (poblado de Jicotea). Desde muy joven, dueño de un vertiginoso humanismo y consciente de la situación que anegaba a su Patria,  eligió la estrella.

Villena y Mella supieron de la vocación patriótica de este estudiante insigne, que se graduaría en La Universidad de La Habana como doctor en Derecho Civil, en Derecho Público y en Filosofía y Letras.

Con Mella colaboró en el movimiento de la Reforma Universitaria, y junto a él, y con Villena, en pos de la creación de la Universidad Popular José Martí.

Integró el grupo que participó en  la Protesta de los trece, también el Grupo Minorista y  el Movimiento de Veteranos y Patriotas, y con Villena fundó y dirigió la Falange de Acción Cubana.

Su postura en contra de los gobiernos de turno le cobró cárcel, en varias ocasiones, y exilio.

Al triunfar la Revolución, su intelecto fue luz en la disposición de la nueva era que se viviría.

Acompañó a Fidel en esos menesteres y en él reconoció la visión excepcional, similar a la de Martí y de Lenin, como conductor de un proceso histórico.

Importantes encomiendas, en tiempos de Revolución, le fueron solicitadas al militante comunista, tales como Rector de la Universidad de La Habana, y Embajador y delegado permanente de Cuba ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

El Comité Central del Partido Comunista de Cuba lo tuvo entre sus miembros hasta su muerte.

Junto al político, hay una obra pedagógica, lingüística y literaria insoslayable.

La visión crítica de Marinello sobre las personalidades y respectivas poesías de Miguel Hernández y León Felipe, por solo citar algún ejemplo, resultan textos fotográficos para ilustrar la vida y la acción de  ambos poetas. 

Pero es sin duda José Martí la figura a la que dedicó sus mayores empeños. Textos suyos son de obligada consulta para entender la dimensión creativa del Apóstol. 

En el campo lingüístico también hizo estancia Marinello, y en él dejó significativas contribuciones.

Al decir del académico Sergio Valdés Bernal, «Marinello legó una pequeña obra lexicográfica llamada Un guacalito de cubanismos, publicado en forma seriada en la revista habanera Archivos del Folklore Cubano, entre los años de 1925 y 1926».

La obra, precisa el estudioso,  «cumplió su cometido en el momento de su publicación, pues, además de las precisiones acotadas por Marinello, fue una actualización del conocimiento que se tenía de la forma en que los cubanos hablan el español».

Poeta él mismo, le bastó un único libro de poemas para ocupar un puesto también en la lírica cubana.

En Liberación, aparecen los versos de yo soy como esos árboles. Allí la voz del bardo resuena entre la belleza y la coherencia de su vida: Yo he dado al mundo un canto de optimismo, y abierto / como una hospitalaria casa mi corazón.

Toda la razón entonces para Ángel Augier, prestigioso especialista de  la obra de Marinello, quien lo calificó con toda propiedad: «Poeta en actos, maestro en la actitud y el ejemplo».

Periódico Granma

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