El oro y las lágrimas de Greili (+ fotos y videos)

Han pasado casi ocho meses desde aquella entrevista. Y no he podido borrar la imagen de los ojos de ella. Recuerdo que entonces se llenaron de rocío cuando habló de su padre, “que me mira desde el cielo”. A decir verdad, resultó difícil permanecer como el reportero sereno, que no se estremece ante las lágrimas de una entrevistada.

Contó sobre sus inicios en el poblado jiguanisero de Minas de Charco Redondo, donde algunos la miraban con recelo por haberse iniciado en el camino de la lucha libre, un deporte “fuerte” para una niña, según decían.  Y relató, también con la voz entrecortada, cuánto echaba de menos a la casa, los llantos que tuvo que tragarse o los deseos de abrazar a su mamá cuando se becó en la EIDE Pedro Batista, en Bayamo.

Ahora, en República Dominicana, después de proclamarse campeona ( primer oro de Granma) de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en los 50 kilos, Greili Bencosme Carvajal, volvió a mencionar a su padre, a su madre Arlensi, quien cumplió años hace tres días, a los sacrificios que ha hecho para poder surcar el difícil camino de una deportista en Cuba.

Viéndola, emocionada otra vez, la reverencié en silencio porque cada palabra suya tiene una  sinceridad que taladra, porque no ha perdido sus esencias y dice “soy de Jiguaní” con orgullo, porque tuvo tiempo para recordar, en medio de la euforia del triunfo,  al profesor Filiberto Delgado, uno de los mejores entrenadores en deportes de combate que ha tenido nuestro país.

Lo curioso es que esta muchacha guerrera, nacida el 10 de enero de 2003, no iba a los Juegos. Había perdido cerradamente dos combates eliminatorios contra la  subcampeona olímpica de París 2024 Yusneylis Guzmán y era la capitalina la representante cubana a Santo Domingo;  pero al final la “Chiqui” no pudo asistir y Greili fue la sustituta perfecta.


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“Estoy súper orgullosa de mí, agradecida con Dios y con todas las personas que me han apoyado. Se me dio la oportunidad y tenía que aprovecharla, dar el máximo de mí y sacrificarme”, comentó ante los periodistas después del triunfo.

Viéndola hablar, con su fe grandísima y su sencillez total, volví a admirarla porque -dicho sea- no era la favorita del evento: había sufrido un revés en el Panamericano de Coralville (Estados Unidos) a manos de la mexicana Mercedes Castillo, precisamente la rival que encontró en la final. Y en ese combate definitivo la venció 5-0

“Era una espinita que tenía que sacarme, y lo logré”, decía después del triunfo, que celebró lanzándose sobre el colchón.

Viéndola, sudada y respirando hondo luego del esfuerzo para ganar, sentí orgullo, como tantos en Granma, en Cuba y más allá. Y pensé mucho en su padre, Fofi, el gran Rodolfo Bencosme, pitcher estelar de los equipos de Jiguaní, que llenaba estadios y fue multicampeón en series provinciales, quien desde las alturas debe de estar tan emocionado y contento como ella.

Radio Bayamo

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