Por Boris Luis Cabrera, enviado especial.
Foto: Panchito González (FotosPL)
Mientras el torneo abre hoy sus puertas con partidos en los estadios Monumental Simón Bolívar y Jorge Luis García Carneiro, Cuba observa, respira y espera, para hacer su estreno mañana contra los nicaragüenses Leones de León.
En medio de esa antesala continental, el zurdo Martínez camina en silencio por el diamante, con apenas 22 años y la serenidad de quien sabe que su brazo carga algo más que pelotas: expectativas.
“Gracias a Dios me siento bien hasta ahora”, confesó a Prensa Latina, tras una preparación que incluyó trabajo en Cuba y la mirada fija en dos horizontes: la Serie de las Américas y el venidero Clásico Mundial. “Vamos a dar lo mejor de nosotros en este torneo”, dijo sin alzar la voz.
No le sorprendió la designación. El director Germán Mesa ya le había hablado del rol. “Él siempre ha confiado en mí… ahora lo que importa es que lo siga haciendo para yo hacer el mejor trabajo posible”, relató el serpentinero natural de Pinar del Río, consciente de que el primer partido suele marcar destinos y estados de ánimo.
Martínez no llega desde el anonimato. En su debut en Series Nacionales con los Vegueros ganó seis partidos y perdió apenas dos. En la campaña más reciente firmó un récord de 3-1, efectividad de 1.83 en 44.1 entradas, con 33 ponches y un promedio rival de .208, números que explican por qué su nombre aparece subrayado en la pizarra del cuerpo técnico.
Pertenecer a la franquicia japonesa es un dato que añade peso internacional a su figura, aunque él prefiere hablar de lo inmediato: Nicaragua. Aún sin un scouting profundo, adelantó que esta noche se sentará con su entrenador de pitcheo para estudiar al rival. “Ellos tienen un buen equipo, hay que cuidarse más del primero al quinto bate”, explicó, en referencia al corazón ofensivo de los Leones de León, actuales bicampeones del béisbol profesional nicaragüense.
El duelo de mañana está pactado para las 13:30, hora local, en el Monumental Simón Bolívar, y tendrá un sazón especial por la presencia de jugadores cubanos en la novena pinolera, una especie de espejo donde la pelota mezcla banderas y acentos.
Antes de cerrar, Martínez dejó un mensaje sencillo, sin épica impostada, pero con la fuerza de lo auténtico: “A los aficionados les pido que nos apoyen, siempre vamos a estar disponibles para ellos y vamos a dar lo mejor de nosotros”.
Este viernes, cuando suba al montículo, no será solo un joven zurdo lanzando. Será Cuba buscando su primer golpe en Caracas.




