Según fuentes citadas por el diario estadounidense, esta unidad permitirá dirigir rápidamente recursos económicos, humanos y técnicos hacia la isla caribeña.
Según NYT, este nuevo equipo incorpora oficiales de caso, analistas de inteligencia, especialistas en ciberoperaciones y expertos en operaciones de influencia encubierta. A diferencia del grupo operativo de 1960 que supervisó la invasión de Bahía de Cochinos, el mandato actual es más limitado ya que busca crear fisuras en la élite política cubana para impulsar el reemplazo de líderes «antiestadounidenses» por figuras más pragmáticas.
El grupo no cuenta con aliados cubanos organizados ni está autorizado para realizar operativos letales, aunque sus facultades pueden ser modificadas por el presidente. Mientras, las acciones se centran en recopilación de inteligencia en aras de reunir información para cualquiera de los escenarios designados por el presidente Trump contra la isla.
El reporte de NYT coincide con la designación de Cuba como «Prioridad 1» en el Marco Nacional de Prioridades de Inteligencia (NIPF), junto a naciones como China, Irán y Rusia. En respuesta, agencias como la NSA han aumentado la recopilación de inteligencia mediante satélites para actualizar las opciones militares estadounidenses y la CIA analizará estos datos para rastrear flujos financieros secretos de la dirigencia cubana, buscando replicar estrategias de desestabilización utilizadas contra otros adversarios.
Los medios estadounidenses que han divulgado la noticia resaltan la vía del diálogo como la opción preferida por el presidente Trump antes que una intervención militar, pero en ambas situaciones Estados Unidos pasa a tener mayor influencia en la isla, escenario que ha rechazado enérgicamente el gobierno de Cuba. La dinámica de asfixia total ha generado una situación extrema en el país que ha probado su resistencia a pesar de las afectaciones que ha traído consigo el recrudecimineto del bloqueo, resistencia que ha frustrado los planes estadounidenses por meses.
Recientemente, el director de la CIA, John Ratcliffe, se reunió en La Habana con Raúl G. Rodríguez Castro, advirtiendo que se les «acaba el tiempo» para implementar cambios fundamentales e insinuando que Cuba podría correr la misma suerte que Venezuela tras la caída del presidente Nicolás Maduro. Sin embargo, asesores reconocen que la resiliencia cubana y la guerra en Irán han limitado los recursos disponibles para una acción inmediata.
El despliegue aumenta las presiones y amenazas contra Cuba, especialmente orientados a una acción militar como parte de movimientos que ya han ocurrido a lo largo del 2026. Las autoridades cubanas han manifestado su disposición al diálogo con las autoridades estadounidenses siempre desde el respeto a la soberanía y sin injerencia en los asuntos propios de la nación.




