En el adiós de San Salvador, pido la palabra 

La edición 24 que concluyó este sábado en El Salvador nos dejó números y récords, horas de transmisiones televisivas y radiales, nombres conocidos y otros atrevidos para este concierto de músculos.

Pocas veces unos Juegos Centroamericanos y del Caribe han motivado tantas preguntas y reflexiones entre seguidores, principiantes y desconocedores del deporte.

Sin embargo, pido la palabra en este adiós para entrar a lo que aún estremece desde lo humano y la heroicidad de practicar deporte en la Cuba actual, con las limitaciones más fuertes de alimentos, transporte, implementos y fogueo internacional que recuerde no solo como periodista, sino como simple amante de algo que sigue siendo intangible de medir en cuánta felicidad nos proporciona.

Por eso, con el perdón de los 74 oros, 196 medallas en total y el tercer lugar por naciones (todo meritorio y aplaudible hasta el delirio sin que eso no signifique análisis con quienes pudieron aportar más) quiero proponer diez hechos estremecedores en el alma de este cronista.

Puede usted desde ya no coincidir. Seria genial para que sume entonces los suyos a esta lista imperfecta, pero real.

Elisbet Gámez y el 4X100

Los últimos 20 metros de las brazadas de la baracoense siguen grabados como esa posibilidad maravillosa de lograr lo imposible. Ella, reina sencilla y deprimida meses antes de los Juegos por los inconvenientes para entrenar dejó una enseñanza única: nadie es más importante por sí solo.

Laina y Leuris

Cada uno demostró que la puntería más grande no va en sus pistolas, sino en sus corazones. Laina devolvió una medalla que le tocaba por reglamento, pero ella consideraba injusta.

Pupo no subió al podio por idéntica normativa y recibió el mismo gesto de un mexicano. Moraleja final: la ética vale tanto o más que los metales revestidos de oro, plata o bronce.

Arlenis, una Sierra de coraje

Acatarrada, sin tiempo para pensar en el cansancio lógico que acarrea una temporada tan exigente por Europa, cogió su bicicleta y llegó para pelear contra colombianas, venezolanas, mexicanas, trinitarias y todas las que la admiran y respetan.

Jamás olvida traer consigo su sonrisa y esa franqueza para regalarnos su frase preferida: “Por Cuba siempre pedalea mi corazón”.

Los goles del balonmano

La última bola detenida por la portera y el gol preciso para adelantar la pizarra de sus compañeros son las dos imágenes más recurrentes en mis pupilas para esos equipos de balonmano, femenino y masculino, que no solo fueron los únicos dentro de los deportes colectivos con actuación perfecta, sino que nos remontaron a los años más esplendorosos de esta disciplina. Eran una familia y así debían ser todos los equipos.

Luchar con pasión

Una a una, las 15 doradas de la lucha tienen historias de tenacidad, sacrificio, revancha y valentía. Mujeres y hombres sobre los colchones nos recordaban la filosofía que siempre ha practicado el guía más grande de ellos, Mijaín López.

“Yo gano porque lucho con pasión”, ha repetido en cada premio.

Y ahora todos podían haber dicho lo mismo.

Inmensos.

Atletismo joven, atletismo espejo

La heptalonista Marys Patterson y el saltador Alejandro Parada se levantaron sobre las lesiones de sus compañeros. Nadie los daba como monarcas, pero ellos sabían que podían.

Golpeados como pocos deportes por la emigración y bajas incomprensibles, esta generación gritó que tiene ganas de hacer y soñar nuevamente.

El espejo no está lejos, solo hay que escucharlos y responderles en atenciones como se merecen y ganaron ahora.

La nueva versión de las Morenas

Si una medalla de bronce puede resultar tan estimulante como el título, nada se parece más a eso que la actuación de nuestro equipo femenino de voleibol.

Ellas se han negado hasta ahora a la etiqueta de Nuevas Morenas del Caribe, pero esos abrazos entre ellas, el festejo con su entrenador y ese fuerza interna como grupo nos devolvió a Mireya, Yumilka, Regla, Marlenis y a otras tantas saltando de alegría. ¡No dejemos perderlas!

La inocencia feliz de un pesista

Con las manos en alto soportando el peso de un país, la cienfueguera Marifélix Sarría encarnó con 18 años la inocencia y el impulso; la determinación y la nobleza; el presente y el futuro.

Sus padres deben estar tan orgullosos como sus entrenadores del resultado, pero sobre todo de esas lágrimas apenas bajó la barra.

“Esto se lo dedico a ellos porque jamás pensé levantar pesas” Y fue sincera hasta las entrañas.

El agua del clavados y la tierra de la pelota blanda

Las volteretas sobre el aire para entrar a una piscina lo más vertical posible de Anisley García y Prisis Leydis Ruiz aún empapan al más aventurero fanático del clavados.

Y casi algo similar pasa entre batazos y fildeos de las sofbolistas, batalladoras infinitas. Hasta el último out pelearon y esa plata provocó llantos e insatisfacciones como si todos nos supiéramos capaces de hacerlo mejor que ellas.

Jamás. Mejor que ellas jamás.

La huella de un país

Quizás porque las grandes crisis siempre inspiran el crecimiento de hombres y mujeres.

Quizás porque dejamos a un lado el triunfalismo para ser más realistas con el entorno regional.

Quizás porque aprendimos, por fin, el valor de un bronce como el del tiro con arco, de una plata en la gimnasia de trampolín o del oro en la vela por encima de una base de datos de pronósticos.

Quizás porque todavía muchos admiran nuestra solidaridad y entereza cuando de amistad verdadera se trata, hoy podemos terminar esta crónica con el reconocimiento al que quedó último en una prueba y tal vez nadie reparó con una palmada en su hombro.

Ese también es Cuba. Y nos da fuerza para vivir.

El próximo encuentro es en Chile. América nos hará sentir más orgullosa.

Cubadebate

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