Este análisis, firmado por el economista italiano Luciano Vasapollo, dirigente de la Red de los Comunistas, apunta que Cuba está en el punto de mira del imperialismo norteamericano por lo que representa, y su defensa no es solo militar o diplomática: es una guerra de posiciones permanente, en lo económico, cultural, simbólico y social.
“La intensificación de la agresión estadounidense contra Cuba, en el contexto del ataque frontal a la Venezuela bolivariana, no es un accidente de la historia ni una desviación momentánea de la política exterior de Washington”, expresa el también cofundador del capítulo italiano de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.
El ataque simultáneo a ambas naciones, según dice, “revela la especificidad de la fase actual: el imperio golpea allí donde emergen experiencias de cooperación solidaria, planificación social e integración regional alternativa al mercado global dominado por el capital financiero”.
“El imperio golpea las experiencias que, aun entre contradicciones y dificultades, han cuestionado su hegemonía en el continente, construyendo prácticas de cooperación solidaria, planificación social e integración alternativa al mercado capitalista global”, destaca el analista.
Esta escalada agresiva es “la expresión coherente de una crisis orgánica del imperialismo capitalista que ya no logra gobernar a través de la hegemonía y recurre cada vez más abiertamente a la coerción”, expresó citando al filósofo marxista italiano Antonio Gramsci.
Vasapollo se refirió al incremento del bloqueo económico, comercial y financiero estadounidense contra la Isla, como parte de una “guerra que golpea deliberadamente las condiciones materiales de vida del pueblo cubano con el objetivo político explícito de producir desesperación social, fragmentación y restauración capitalista”.
“Donde el imperio no logra construir consenso, intenta imponer la rendición a través del hambre, la escasez y el aislamiento”, afirma, y añade que el país caribeño resiste porque “siempre ha comprendido que la hegemonía imperialista no concede espacios neutros y “la soberanía no es negociable”.
“Cuba resiste porque sabe que ceder significaría no solo perder soberanía, sino romper el hilo histórico que une su experiencia a todas las luchas antiimperialistas del mundo”.
El ejemplo de Cuba, subraya este editorial que refleja la posición de las fuerzas más progresistas de la sociedad italiana, “continúa demostrando que, incluso en la época del capital financiero global, la dignidad organizada de un pueblo aún puede agrietar la hegemonía del imperio”.




