Rosa María: ejemplo en el sector azucarero de empoderamiento de la mujer

Con 18 años como Jefa de Área de fabricación en la empresa agroindustrial azucarera Enidio Díaz Machado, tal vez el único caso en la provincia, Rosa María Ferrer González demuestra no solo ser una mujer eficiente y consagrada al trabajo, sino cómo las féminas pueden desempeñar labores de dirección contra viento y marea.
FOTO: Rodrigo Motas Tamayo

Por: Rodrigo Motas Tamayo

Y es que esta “joven” de 59 años, sin idea de jubilarse por su amor al sector, cuenta con el respeto de los más de 80 trabajadores bajo su mando, así como de la dirección de la empresa y el grupo azucarero Azcuba.

“Ello es posible, porque cuento con un equipo de trabajo que responde aunque yo no esté presente, confió en ellos como ellos en mí”, dice con el mayor aplomo del mundo, quien entrara a esta industria en 1984 como técnico en adiestramiento.

Desempeñó distintas labores en ese entonces hasta convertirse en el 1989 en jefe de turno, aspirando siempre a estar más directa a la industria.

No obstante, problemas de enfermedad la llevaron a distanciarse dos años como Jefa de la fábrica de oxígeno, en San Ramón, su pueblo natal, en Campechuela.

En el 2004 se le proposo el puesto de jefe de fabricación.

“Dirijo tres turnos de trabajo en un área clave de la industria. No hay descanso cuando estamos en zafra.

No hay horas, asegura, mientras le brillan los ojos.

“Me llaman de noche y muchas decisiones salen desde la misma cama.

El proceso fabril no da tiempo a nada, las soluciones tienen que ser rápidas.

Por ello, cuando me levanto a deshora y voy para la empresa, ya mi equipo trabaja en el problema presentado. Producir es el lema y para ello no hay descanso.

“Soy consciente de que las mujeres somos capaces de enfrentar cualquier tipo de trabajo o dificultad, solo hay que poner el deseo y el empeño para que las cosas salgan adelante”, enfatiza Rosa María Ferrer González.

Casada, con dos hijas, esta mujer empoderada del sector azucarero en Granma, afirma que el apoyo de la familia es esencial, y pese a estar cerca de los 60 años, alega continuar mientras tenga salud.

Su mirada no parpadea.

“Hay que trabajar más, ponerle amor a lo que se hace”, dice con fuerza en las palabras, sonríe: “las mujeres debemos ser las primeras”.

Granma, no solo en el sector azucarero sino en otros muchos, es paradigma de esa gran verdad.

La Demajagua

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