
Figuras y proyectos destacados del teatro, las artes visuales, la música y la danza se ubican en la cima del entramado artístico, cuyos reconocimientos enorgullecen a la provincia y al país.
Destacan igualmente los grupos portadores de tradiciones, quienes mantienen un vínculo sólido con sus comunidades y representan la continuidad viva de nuestras raíces.
En tal sentido brilla el Conjunto Guasimal, de Manzanillo, fundado en 1880, por la perseverancia de la familia Escalona que, durante más de cuatro generaciones ha preservado un estilo único, cultivando sonoridades contagiosas con instrumentos artesanales elaborados principalmente por sus propios integrantes.
Otra memorable agrupación es la Melcocha Alegres del Paraíso, de Yara, conformada por la familia González, con un papel predominante en la transmisión de tradiciones autóctonas. Durante siete décadas, han cultivado ritmos similares a los del órgano oriental, manteniendo vivas expresiones musicales profundamente arraigadas en la identidad local.
No menos relevante son “Los Richard”, un grupo músico-danzario radicado en Guisa, cuyos antecedentes étnicos haitianos brindan una marca significativa a la cultura rural de la serranía granmense, enriqueciendo la diversidad del territorio.
Durante varias generaciones el colectivo ha preservado su manera peculiar de cultivar la música, las artes visuales y la danza, al igual que la cultura haitiana.
El esfuerzo comunitario en Granma se fortalece cada día por el compromiso incansable de instituciones como el Sistema de Casas de Cultura, la Asociación Hermanos Saíz, la UNEAC y la Brigada de Instructores de Arte José Martí.
Estas organizaciones impulsan la creación y difusión artística, fomentan la participación activa de la comunidad y promueven un sentido profundo de identidad y pertenencia.
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La sinergia entre artistas locales y entidades culturales se defiende con entusiasmo y eficacia, garantizando la continuidad de estas tradiciones para las futuras generaciones que fortalecen el tejido socio cultural de la provincia.
Resulta referencial este tipo de empeño comunitario, un claro ejemplo de cómo la cultura puede convertirse en motor de desarrollo y cohesión social, legado invaluable que nutre la memoria colectiva y enriquece la espiritualidad de los granmenses.



