De «La Bayamesa» al canto de todos

La Bayamesa se elevó definitivamente a Himno Nacional de Cuba y se convirtió en el símbolo imperecedero de la lucha por la independencia de la Isla.

La historia se remonta al 11 de junio de 1868, cuando en la Iglesia Mayor de Bayamo se celebraba la solemnidad del Corpus Christi. Según recogen las crónicas, cuando la orquesta dirigida por Manuel Muñoz Cedeño interpretó una pieza titulada La Bayamesa, las autoridades coloniales españolas presentes sintieron una evidente inquietud.

La obra compuesta por Figueredo carecía de la solemnidad propia de la música sacra y, por el contrario, estaba impregnada de un aire de «marcha combativa».

El entonces gobernador militar de la plaza, el coronel Julián Udaeta, advirtió la anomalía. Mandó buscar al director de la orquesta, quien le informó que se trataba de una marcha compuesta por el señor Figueredo. Udaeta increpó a Perucho, señalando que aquella pieza no tenía nada de religiosa y sí mucho de guerrera.

Ante la acusación, Figueredo desplegó la astucia propia del conspirador: «Usted no puede determinar que sea un canto de guerra, puesto que no es músico».

Udaeta, aunque no se dio por vencido, respondió con una advertencia que quedaría para la historia: «Dice usted bien; no soy músico, pero tenga la seguridad de que no me engañó. Puede usted retirarse con esa certidumbre».

Aquel enfrentamiento en el templo era la clarinada de la revolución que se avecinaba.

DE DEMAJAGUA A BAYAMO

Aquel «ensayo» en el Corpus Christi no era un hecho aislado, sino el preludio de la tormenta. El 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes se alzó en armas en el ingenio Demajagua, proclamando la independencia de Cuba y dando la libertad a sus esclavos.

Aquel gesto unió para siempre independencia y abolición. Patria y justicia social quedaron desde entonces inseparables.

Bayamo, plaza estratégica, se convirtió en objetivo inmediato. El 18 de octubre comenzó el asedio. Francisco Vicente Aguilera, quien poco antes había dudado sobre la pertinencia del alzamiento, tomó posiciones en la entrada de la ciudad por Holguín para impedir el envío de refuerzos. En menos de cuarenta y ocho horas se liquidó la resistencia. El 20 de octubre, Bayamo era territorio libre: la primera ciudad liberada de Cuba.

EL NACIMIENTO DEL HIMNO

La historia de este símbolo se remonta a una de las reuniones iniciales del Comité Revolucionario de Bayamo, el 13 de agosto de 1867. Aguilera fue designado presidente de este, asistido por Maceo Osorio y Perucho. Los amigos conspiradores solicitaron a Perucho un himno que, como La Marsellesa, enardeciera los ánimos combativos. Al amanecer del día siguiente, el ilustre bayamés había concluido la melodía.

Con Bayamo en manos de los revolucionarios, el 20 de octubre Perucho Figueredo completó su obra al dar a conocer los versos, seguramente pensados o escritos antes de que la memoria popular consagrara su imagen de patriota inspirado sobre la cabalgadura mambisa, en lo que Martí llamó «la hora más bella y solemne de nuestra patria».

La frase inicial, «Al combate, corred, bayameses», con el tiempo implicó a todos los cubanos.

Casi un siglo y medio después de aquella mañana en la Iglesia Mayor, La Bayamesa permanece como canto de combate y de victoria, expresión de lo que somos y de aquello a lo que no renunciaremos a ser.

Anaisis Hidalgo Rodríguez

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