El desafío se mira como un laboratorio en plena ebullición. Más que un simple amistoso, el choque en el estadio Yamil Ríos Ugarte representa una estación clave en la travesía hacia el gran torneo internacional, donde cada decisión técnica pesa y cada turno al bate revela certezas o dudas.
La serie, pactada a cuatro encuentros, comenzó con un empate 2-2 que dejó sensaciones encontradas y continuó con una victoria antillana 3-1 en el Estadio Rigoberto López Pérez. Aquel triunfo se construyó desde el montículo: pitcheo disciplinado, control de los tiempos y un cuadrangular decisivo de Ariel Martínez que rompió la jornada.
El cuerpo técnico cubano valoró especialmente la respuesta del staff de lanzadores, capaz de maniatar a los bates pinoleros en los momentos de mayor tensión. La ofensiva, aunque intermitente, supo capitalizar errores rivales y aprovechar los resquicios que deja la presión.
Para el compromiso de esta noche, Germán Mesa entregará la pelota al experimentado zurdo Yoennis Yera, reciente campeón nacional con los Cocodrilos de Matanzas y dueño de 16 campañas en la Serie Nacional. Su trayectoria incluye además incursiones en ligas profesionales de México y Venezuela, experiencias que han templado su carácter competitivo.
Yera encarna una mezcla de serenidad y oficio: trabaja las esquinas y entiende que, en esta fase de preparación, cada envío también es un mensaje para el cuerpo técnico que perfila la rotación definitiva.
Del lado nicaragüense, el estratega Dusty Baker volverá a confiar en el veterano Erasmo Ramírez, con 14 temporadas de experiencia en Grandes Ligas. Ramírez ya lanzó en el primer choque de la serie, cuando trabajó dos entradas, permitió cuatro imparables y dos carreras, y retiró a tres bateadores por la vía del ponche.
El análisis no se limita al resultado. Se observa la cohesión del grupo, la química entre jóvenes promesas y jugadores consolidados, y la capacidad de responder en escenarios adversos. Cada inning suma argumentos en la construcción de un equipo que aspira a competir sin complejos en el Clásico.
Este tercer encuentro servirá también para medir ajustes tácticos: variantes defensivas, combinaciones en la alineación y la administración del bullpen. En el horizonte inmediato no solo está Nicaragua, sino el rigor de un torneo que no concede margen al error.
Así, mientras la noche cae sobre Rivas, en la isla se respirará expectativa. El diamante vuelve a ser ensayo y metáfora: un espacio donde se forjan certezas y se corrigen fisuras, con la convicción de que el camino hacia el Clásico se pavimenta, lanzamiento a lanzamiento, desde mucho antes del primer playball oficial.




