¿Qué sabe la ciencia sobre los ciclones tropicales?

Pronósticos estacionales emitidos por el reducido grupo de instituciones científicas, la temporada ciclónica 2023 comienza el jueves 1ro. de junio en nuestra área geográfica de interés, conformada por el Atlántico norte, el golfo de México y el mar Caribe.
En el mes de junio la región occidental de la Isla es la más expuesta al azote de los organismos ciclónicos tropicales surgidos en el mar caribe occidental. El mapa muestra la trayectoria descrita sobre territorio cubano por el huracán Alma, el 8 de junio de 1966.

Según sugieren los pronósticos estacionales emitidos por el reducido grupo de instituciones científicas que a nivel internacional los elaboran, en esta ocasión el número de organismos tropicales con nombre (reciben denominación una vez alcanzada la fase de tormenta tropical) debe ser ligeramente inferior al promedio histórico de 14 para la serie de años 1991-2020, de acuerdo con la actualización realizada por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por su sigla en inglés), de Estados Unidos.

Así, por ejemplo, el de la Universidad Estatal de Colorado (EE. UU.), pionera en hacer este tipo de pronóstico a nivel internacional, predice la formación de 13 tormentas tropicales, de las cuales seis llegarían a ser huracanes.

El emitido por el Centro de Pronósticos de nuestro Instituto de Meteorología, augura el surgimiento de 11 ciclones tropicales nombrados.

De la cifra prevista, siete se desarrollarían en la zona del Atlántico norte, dos en el mar Caribe y dos en el golfo de México. Cinco de ellos podrían alcanzar la categoría de huracán.

Las probabilidades de que se origine e intensifique al menos un huracán en el Caribe, y de que uno de procedencia atlántica penetre en el Caribe son moderadas (45 % y 40 %), mientras el peligro de que Cuba pueda ser afectada por, al menos, un ciclón tropical con categoría de huracán es de un 35 %.

Como vienen insistiendo los científicos vinculados al tema, durante los próximos meses es alta la probabilidad de que ocurra una nueva aparición del evento ENOS (El Niño/Oscilación del Sur) en el océano Pacífico ecuatorial.

Tan complejo proceso de interacción océano-atmósfera constituye el factor fundamental en la prevista disminución de la actividad ciclónica en la cuenca del Atlántico, pues su presencia favorece el establecimiento de fuertes vientos del oeste y suroeste entre los diez y 12 kilómetros de altura (la llamada cizalladura vertical), lo cual limita en buena medida la formación y desarrollo de los ciclones tropicales, al evitar que la energía pueda concentrarse en la columna de aire del sistema en la altura.

La doctora Miriam Teresita Llanes, jefa del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología, precisó a Granma que ciclón tropical es un término genérico empleado para designar los centros de bajas presiones que aparecen sobre las aguas marinas de la zona tropical y subtropical, alrededor de los cuales el viento gira en sentido contrario a las manecillas del reloj en el hemisferio norte.

Suelen estar acompañados por una extensa área de nublados con chubascos, lluvias y tormentas eléctricas, e incluso tornados, que pueden abarcar hasta 600 kilómetros o más en algunos casos. De ahí que la influencia de los efectos no queda restringida al punto de localización de la región central del sistema, señalado en el mapa.

Tomando en cuenta la velocidad de los vientos máximos promediados en un minuto, los ciclones tropicales se clasifican en depresión tropical, cuando son inferiores a los 63 kilómetros por hora; tormenta tropical, de 63 a 118 km/h, y huracanes, si igualan o superan los 119 km/h.

En el caso específico de los huracanes, existe la escala Saffir-Simpson, que los divide en cinco categorías. Así, entran en la categoría 1 aquellos con vientos máximos sostenidos de 119 a 153 km/h; categoría 2 de 154 a 177; categoría 3 entre 178 y 208; 4 de 209 a 251; y 5 a partir de los 252 km/h. Se consideran intensos de la 3 en adelante.

Puntualizó la doctora Miriam Teresita que tres condiciones básicas favorecen el surgimiento y desarrollo de los ciclones tropicales: la persistencia durante varios días consecutivos de un área de disturbio o mal tiempo, que la temperatura del mar tenga valores de 26,5 grados Celsius o más desde la superficie hasta una profundidad aproximada de 45 metros, y el predominio de vientos débiles y sin cambios notables de dirección y velocidad en la atmósfera superior (baja cizalladura vertical).

«Los elementos más destructivos son el viento, sobre todo en los huracanes de gran intensidad, las lluvias intensas y la llamada surgencia o marea de tormenta, consistente en una sobreelevación notable del nivel del mar, que puede afectar un tramo costero superior a los cien kilómetros, cuando el organismo ciclónico toca tierra».

La mayor altura del mar se alcanza a la derecha de la trayectoria en el área cercana al punto de entrada del centro u ojo y próxima a la zona de vientos máximos, aseveró la especialista.

Resulta oportuno recordar que en Cuba el mayor desastre nacional conocido lo produjo la surgencia de 6,5 metros de altura que provocó el intenso huracán del 9 de noviembre de 1932, en Santa Cruz del Sur, Camagüey.

Literalmente, las aguas del mar sumergieron a ese poblado costero, asentado en el litoral sur, ocasionando la muerte de alrededor de 2 000 personas en apenas dos horas y media, de acuerdo con lo reseñado por el profesor Luis Enrique Ramos Guadalupe, coordinador de la Comisión de Historia de la Sociedad Meteorológica de Cuba (SometCuba).

PREPARADOS Y ALERTAS

El servicio meteorológico nacional tiene listo su capital humano y las herramientas tecnológicas requeridas que le permiten seguir paso a paso la trayectoria y evolución de cualquier ciclón tropical, que pueda representar una amenaza al país a lo largo de la venidera temporada ciclónica, que finaliza el 30 de noviembre.

A ello se une la experiencia y fortaleza de nuestro Sistema de Defensa Civil, verdadera garantía para enfrentar en mejores condiciones tales contingencias de la naturaleza, preservar la vida humana y proteger los recursos de la economía y los bienes de las personas.

Con el comienzo del «semestre» de los ciclones, urge ser previsores y ejecutar de forma anticipada y sistemática las acciones dirigidas a reducir vulnerabilidades, teniendo en cuenta, además, la no pocas veces olvidada percepción del riesgo.

Más allá del número de organismos tropicales que puedan surgir, lo esencial es estar siempre preparados y alertas. Uno solo que afecte el territorio cubano sería suficiente para tensar aún más el complejo escenario que vive la nación.

EN CONTEXTO

El servicio meteorológico nacional cuenta con 68 estaciones ubicadas a lo largo de nuestro archipiélago, y 14 centros provinciales.
Creado por los doctores en Ciencias Ramón Pérez Suárez, Cecilia González y Maritza Ballester (ya fallecida), desde 1996 el Instituto de Meteorología emite un pronóstico estacional para predecir el comportamiento de la actividad ciclónica.
Dentro del arsenal tecnológico utilizado por nuestros meteorólogos para enfrentar la temporada, figuran efectivos modelos de pronósticos de trayectoria y para estimar la probable magnitud de la surgencia.
Para Cuba en particular, la principal zona de interés en cuanto a la formación de ciclones tropicales en el mes de junio se localiza en el mar Caribe occidental.
Los nombres previstos para la temporada ciclónica 2023 son Arlene, Bret, Cindy, Don, Emily, Franklin, Gert, Harold, Idalia, Jose, Katia, Lee, Margot, Nigel, Ophelia, Philippe, Rina, Sean, Tammy, Vince y Whitney.

Periódico Granma

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