«Una apuesta por los mejores valores de la música de concierto»

La música de cámara, por su intimidad y exigencia, conecta de una manera muy especial con la sensibilidad y la tradición musical de nuestro pueblo», afirma Liliam. Foto: Juvenal Balán

No pese a su juventud, sino con ella a su favor, Liliam Mendoza Estrada dirige el Centro Nacional de Música de Concierto. Aunque no es la primera vez que conduce una institución cultural, esta tarea le supone esfuerzos no desdeñables en pos de los creadores y, sobre todo, de un público que «ha demostrado una y otra vez que valora y disfruta de la música de concierto».

Justo en la arrancada de la XV edición del Festival de Música de Cámara –del 29 de octubre al 1ro. de noviembre–, que regresa a escena luego de casi una década de ausencia, conversa con Granma:

–¿Por qué retomarlo, luego de tantos años, justo en un contexto tan complejo como el actual?

–Constituye una apuesta por seguir defendiendo los mejores valores de la música de concierto en Cuba. Las limitaciones económicas no pueden impedir que este sueño se haga realidad. Retomarlo permite colocar al público mucho más cerca de los formatos de cámara, lo cual es un privilegio para nosotros.

«Además, hay una generación que no vivió este tipo de festivales, por lo que el propósito es construir un referente para la joven generación y sostener el certamen como plataforma de visibilidad. Desde la responsabilidad institucional, asumimos el papel de acompañar las voluntades de los artistas para que, incluso en tiempos difíciles, el evento sea posible».

–¿Qué han mantenido de la tradición, y qué elementos nuevos han incorporado?

–Mantenemos la esencia del festival como espacio de confluencia e intercambio de saberes, con conciertos, conversatorios, clases magistrales y presentaciones de discos en sedes emblemáticas.

«Como novedad principal incorporamos por primera vez un Concurso Internacional de Música de Cámara, para estudiantes y jóvenes profesionales de hasta 32 años, en las categorías de cuerdas y vientos. También se suman paneles, clases magistrales como la de la soprano rusa Natalia Kirillova, un Premio Especial al proyecto que mejor defienda los valores musicales cubanos y el Premio del Público.

«En cuanto a la relación con otros actores de la economía, el festival articula el apoyo de patrocinadores privados y estatales, así como la colaboración de instituciones nacionales e internacionales».

–¿Cuánto influye tener a una personalidad como Frank Fernández implicado en el proceso?

–Su presencia es determinante y sumamente enriquecedora. El maestro preside el certamen y fue precisamente su empeño el que hizo nacer la iniciativa del concurso. Su liderazgo artístico, junto al de figuras como Niurka González, César López y William Roblejo en el jurado, garantiza el rigor y el prestigio del evento. Además, su convicción de que la música de cámara es completa, compleja y educativa, y que demanda un gran esfuerzo, contagia a todos los implicados y eleva la calidad de la cita.

–¿Cómo han recibido los cultores de la música de cámara esta iniciativa?

–La acogida ha sido muy positiva y entusiasta. Contamos con la participación de 34 agrupaciones artísticas, lo que refleja la confianza y el atractivo que genera el festival.

«La convocatoria al concurso reunió a cerca de una treintena de artistas, entre profesionales y estudiantes, y hemos comprobado que hay mucho potencial y muchas buenas voluntades en todo el país. Se recibieron 21 proyectos, de varias provincias, lo que demuestra el interés de los músicos de toda Cuba por participar.

«Precisamente, el concurso deja un balance muy alentador. En primer lugar, visibiliza el talento joven y las propuestas de casi todo el país. En segundo lugar, estimula la creación y la excelencia al otorgar tres premios por cada categoría y área, más los ya mencionados.

«Por último, fortalece el movimiento de música de cámara al incentivar a estudiantes y jóvenes profesionales a prepararse y competir en un espacio de alto nivel.

«Una de nuestras mayores satisfacciones es acercar los formatos de cámara al público, porque existe una sed de propuestas artísticas de calidad. La música de cámara, por su intimidad y exigencia, conecta de una manera muy especial con la sensibilidad y la tradición musical de nuestro pueblo, y este festival es un regalo para ese público fiel que nos acompaña».

Periódico Granma

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