Puerta de la clandestinidad revolucionaria, cuna del movimiento obrero cubano y escenario de gestas independentistas, la urbe de Manzanillo celebra sus más de dos siglos con un ambicioso programa de restauración patrimonial y obras que devuelven el esplendor a su centro histórico.
DEL ÁRBOL VENENOSO AL PUERTO REAL
El nombre de Manzanillo proviene del manzanillo (Hippomane mancinella), un árbol cuyos frutos son venenosos. Los aborígenes extraían de su savia el tóxico para untar sus flechas, y fue precisamente la abundancia de esos ejemplares lo que bautizó el paraje donde hoy se asienta la ciudad.
El proceso fundacional, sin embargo, fue atípico. A fines del siglo XVI, el llamado monte de Manzanillo ya era un activo punto de comercio y tráfico de esclavos, pero carecía de población estable; era, simplemente, el puerto de la villa de Bayamo.
La necesidad de proteger ese enclave estratégico —codiciado por sus maderas preciosas y su bahía— llevó a la Corona española a dictar una Real Orden, el 11 de julio de 1792, para levantar un asentamiento oficial. Esa fecha se toma como el punto de partida fundacional de la Villa Puerto Real de Manzanillo.
Pero la ciudad no nació de inmediato. Según referencias del historiador Daniel Rodríguez, la construcción fue lenta: a diez años de la orden, en 1802, apenas se habían terminado 29 casas y la población no llegaba a los 200 habitantes. No fue hasta 1833, tras 41 años de esfuerzos, que Manzanillo alcanzó la categoría de villa. Como sentencia el cronista: «a Manzanillo lo parió el puerto».
HAZAÑAS QUE FORJARON UNA IDENTIDAD
La historia de Manzanillo es una sucesión de gestas. En 1819, un corsario inglés intentó tomar el puerto, pero la población criolla, en alianza con los españoles, lo rechazó en un hecho heroico que Carlos Manuel de Céspedes evocaría décadas después para alimentar el sentimiento patriótico.
El episodio fue recordado por Carlos Manuel de Céspedes en un artículo publicado después en El Eco de Manzanillo, donde subrayó la valentía de los manzanilleros y mencionó que ya antes la localidad había sido atacada por corsarios franceses e ingleses.
La crónica resalta que Manzanillo era un poblado pequeño, pero con capacidad de defensa y una tradición temprana de resistencia.
Cuando el 10 de octubre de 1868 Céspedes se alzó en La Demajagua, designó como segundo al mando al manzanillero Bartolomé Masó quien también participara en la gesta del 95.
La vocación rebelde de la ciudad también se expresó en el plano obrero. Allí nació Agustín Martín Veloz, quien en 1906 fundó el primer partido socialista de Cuba, y de esa matriz revolucionaria surgió luego Blas Roca, histórico secretario general del Partido Comunista.
LA CAMPANA, FIDEL Y EL COMPROMISO ETERNO
En 1947, el joven Fidel Castro, entonces líder estudiantil, llegó a Manzanillo a pedir la campana de La Demajagua —símbolo de la independencia— para una protesta en La Habana. Los manzanilleros, que se habían negado a prestarla a un ministro del gobierno, se la confiaron a Fidel.
La campana fue robada en La Habana, pero la indignación popular obligó al gobierno a devolverla, sellando así un vínculo indisoluble entre la ciudad y el líder de la Revolución.
Ese compromiso se reafirmaría en la clandestinidad. Manzanillo fue el cuartel general de Celia Sánchez Manduley, quien desde el llamado balcón de Celia organizó la red que recibiría a los expedicionarios del Granma. Sin esa organización, el desembarco no habría tenido el mismo éxito.
PATRIMONIO QUE RENACE
Hoy, Manzanillo enfrenta el desafío del tiempo y la humedad. Sus edificaciones más antiguas, muestran el desgaste de los siglos.
El aniversario 234 ha sido el catalizador para un programa integral de restauración que incluye la renovación de espacios sociales con acciones en centros de salud, escuelas, universidades, comercios, instalaciones deportivas y culturales, además del Teatro Manzanillo y el malecón.
Entre las prioridades está la higienización, el abasto de agua y la producción de alimentos, en medio de una movilización comunitaria para embellecer la urbe de cara al 11 de julio.
Los festejos incluyen sesión solemne de la Asamblea Municipal, gala artístico-cultural y actividades deportivas y recreativas en barrios y plazas públicas. Además, Manzanillo fue escogida sede del acto central de Granma por el 26 de Julio, lo que refuerza la intensidad de las acciones de acondicionamiento urbano en el municipio.
A sus 234 años de existencia; Manzanillo celebra una identidad forjada en la resistencia, el trabajo y el amor por su ciudad. Como escribió el periodista Carlos Manuel Gallardo Escalona: «¿Cómo no voy a escribirte, mi Manzanillo de siempre?».




