
Durante su primer mensaje pascual, el sucesor de Francisco instó a la humanidad a no resignarse ante el odio y la violencia que asolan al mundo contemporáneo.
“¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón!”, exclamó el pontífice ante la multitud congregada, invitando a creyentes y no creyentes a participar en este acto de recogimiento frente a la escalada de conflictos internacionales.
En su mensaje Urbi et Orbi, pronunciado al mediodía desde la logia central de la basílica vaticana ante unas 60 000 personas congregadas en la Plaza de San Pedro, el sumo pontífice pidió “a Dios, que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia”.

León XIV lamentó profundamente que la sociedad actual se esté acostumbrando a la tragedia. En un gesto de continuidad histórica, retomó la expresión de su antecesor, el fallecido papa Francisco, quien pronunció su último Urbi et Orbi en este mismo escenario en 2025, para denunciar la falta de empatía ante el dolor ajeno.
“Nos resignamos a la violencia y nos volvemos indiferentes. Indiferentes ante la muerte de miles de personas, ante las secuelas de odio y ante las consecuencias económicas y sociales que todos percibimos”, sentenció el Papa.
El Santo Padre exhortó a quienes sostienen las riendas del poder militar y político en la actualidad a dejarlas de lado de inmediato.

“¡Que quienes empuñan las armas las depongan! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras elijan la paz! ¡No una paz forjada por la fuerza, sino por el diálogo! ¡No por el deseo de dominar a los demás, sino por el encuentro!”, expresó el obispo de Roma, según un comunicado divulgado por la oficina de prensa de la Santa Sede.
Además, rechazó cualquier concepto de “paz impuesta por la fuerza” o
por la voluntad de dominar al prójimo. Al tiempo que subrayó que la
verdadera paz no es solo el silencio de los fusiles, sino una conversión
interna que elimine la voluntad de dominio.
“La muerte siempre acecha”, señaló, pues «la vemos presente en la
injusticia, en el egoísmo partidista, en la opresión de los pobres, en
la indiferencia hacia los más vulnerables. La vemos en la violencia, en
las heridas del mundo, en el grito de dolor que surge por doquier ante
los abusos que aplastan a los más débiles”.
También la vemos “en la idolatría del lucro que saquea los recursos
de la tierra, en la violencia de la guerra que mata y destruye”, añadió
el pontífice.



