
En la simbólica localidad de Playa Girón, donde Cuba derrotó la invasión mercenaria hace 65 años, el mandatario presidió el acto de homenaje a los caídos en aquella epopeya, que dejó claro ante el mundo que la Revolución tendría siempre fuerzas morales y militares para defenderse.
Díaz-Canel reiteró con su firma la vocación independentista de un pueblo que pondera la vida y no las balas, que reconoce en el diálogo, y no en la guerra, el mejor escenario para promover la< coexistencia y construir agendas de beneficio común.
Ahora millones en toda la isla sumarán sus manos al trazo gigante, cada uno con sus caligrafías, sosteniendo corazones jóvenes y expertos, portadores de sueños y compromisos diversos, pero firmando con tinta común: patria y bandera.
Será un libro gigante, escrito a tantas manos como hijos de esta tierra quieren vivir en paz, sin bloqueos imperiales, amenazas hegemónicas ni agresiones bélicas que solo dejarían vacíos eternos en las familias de ambas naciones.
Esas firmas irán engordando poco a poco la musculatura de una isla larga y delgada que más de una vez ha dado muestras de defender sus ideas a cualquier precio, como el gigante moral que es en el año del centenario de su líder histórico, el Comandante en Jefe Fidel Castro.
El Girón de estos tiempos convoca a sumar voces y escribir juntos, sobre la misma cuartilla inaugurada por Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua en 1868, que Cuba ama la paz, pero sin yugos extranjeros ni anexionistas.



