Una madre

Una madre debe ser esa almohada en la que recostar el cansancio del día a día; una puerta siempre abierta para cuando el hijo quiera regresar; las manos dispuestas a abrazar cuando el corazón se sienta triste; la palabra que alienta y también la que corrige, porque la reprimenda justa forma parte del amor y la formación.

Debe ser la espuela que impulse a sus hijos a ser mejores personas, mejores seres humanos y trabajadores; quien enseñe, desde las raíces, el amor a la Patria.


Una madre educa con el ejemplo: comparte, agradece, respeta y perdona, mostrando que la grandeza está en los pequeños gestos cotidianos.
También ha de ser el silencio que escucha sin juzgar, la luz que guía sin imponerse, la calma que sostiene cuando todo parece derrumbarse.


Es la memoria que atesora los logros y disculpa los errores; la presencia que no siempre se ve, pero que siempre se siente. Porque una madre no solo da vida: esculpe con paciencia el alma de quienes algún día volarán lejos, sabiendo que siempre habrá un abrazo esperando en casa.

Anaisis Hidalgo Rodríguez

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