Historia y presente en la Ley de Reforma Agraria

La Ley de Reforma Agraria fue la primera Ley aprobada tras la alborada de Enero del 59 tan revolucionaria y emancipadora como el proceso que la engendró, bajo la conducción del Primer Ministro Fidel Castro, y firmada el 17 de mayo de ese año en la histórica Comandancia rebelde de La Plata, Sierra Maestra. Hoy, …

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La Ley de Reforma Agraria fue la primera Ley aprobada tras la alborada de Enero del 59 tan revolucionaria y emancipadora como el proceso que la engendró, bajo la conducción del Primer Ministro Fidel Castro, y firmada el 17 de mayo de ese año en la histórica Comandancia rebelde de La Plata, Sierra Maestra.

Hoy, a 64 años del suceso, con las clavijas del bloqueo económico, comercial y financiero obstaculizando a más no poder y de manera criminal el avance de nuestro programa agrícola y alimentario, los cubanos se unen en el empeño de honrar con resultados, y no solo con proyectos, el significativo hecho que desde sus inicios fue más allá de la concreción de una promesa en favor de la justicia social. También tenía en la mira la liberación de las fuerzas productivas del país y desarrollarlo.

Cumplir con un objetivo medular expuesto en el Programa del Moncada fue cuestión de honor, y ratificó que la Revolución y su Líder eran auténticos, que esta vez “era de verdad”.

Con la también llamada Primera Ley de Reforma Agraria unos 100 mil campesinos arrendatarios, aparceros y precaristas adquirieron la propiedad de las tierras que trabajaron sin derechos, de sol a sol, incluso toda su vida, y la fecha de mayo en que el documento fue rubricado en el acto más feliz de la serranía pasó a ser el Día del Campesino cubano.

Años después, a 25 años del acontecimiento, Fidel Castro precisó:

“No fue solo la entrega de la tierra a los campesinos que la trabajaban, no fue solo la liberación de los obreros agrícolas; sino que en todo un conjunto de aspectos fundamentales podríamos decir que el 17 de mayo comenzó la liberación de nuestros campesinos y nuestros obreros agrícolas”.

El Líder significó el aporte que daba a la equidad y la justicia social, también subrayó su contribución al fin del fenómeno del latifundismo, estructura deformante favorecedora de la monoproducción azucarera y cuando más ganadera, en grandes extensiones de tierras generalmente improductivas, en manos de contados propietarios, oligarcas nacionales y privados estadounidenses.

Con áreas dedicadas a latifundios improductivos de las industrias azucarera y ganadera estaba ocupado el 75 por ciento de los terrenos agrícolas del país.

Además, Fidel estaba muy consciente de que acabar con el latifundismo no solo era finalizar una deformación que frenaba la economía, también tenía que ver con la soberanía política. Un millón 100 mil hectáreas (ha) de las mejores tierras estaban en manos de capitalistas norteamericanos, la mayoría cubiertas de maleza por su conveniencia. Eran intereses defendidos por la potencia hegemonista.

La valoración de quienes opinan que la Ley de Reforma Agraria de 1959 dio luz verde a la transformación de la estructura económica y social de Cuba, dando paso a un genuino proceso de desarrollo es muy certera.

Se sabe, empero, cuánto han tenido que luchar los cubanos contra los obstáculos: sabotajes, acciones criminales, invasiones, guerras contrarrevolucionarias, restricciones económicas ilegales e irracionales… que Estados Unidos ha organizado para impedir los planes de la Revolución desde entonces hasta nuestros días.

Hay que detenerse en lo que significó la tenencia de la tierra sustentadora para el campesinado y los obreros agrícolas, sectores explotados secularmente sin piedad, depauperados por el hambre crónica, enfermedades curables, la marginalidad, en fin, la pobreza extrema, con altos índices de analfabetismo y sin derechos jurídicos de algún tipo frente a los desmanes de los propietarios. La noche oscura se hizo amanecer radiante.

Esta Ley concedió la propiedad inembargable e intransferible de la tierra a todos los colonos, subcolonos, arrendatarios, aparceros y precaristas que ocupasen parcelas de cinco o menos caballerías de tierra.

Sus basamentos jurídicos fueron hallados en el Artículo 90 de la Constitución de 1940, el cual estableció la proscripción del latifundio, aunque nunca había podido llevarse a la concreción de un documento facultativo, para hacer valer esa intención de justicia. Solo con la Revolución triunfante se cumpliría.

Puesta en vigor el 3 de junio de 1959, luego de su erogación y firma en La Plata, paulatinamente pero sin detenerse dio acceso al campesinado a mecanismos de ayuda social, material, con carácter de prioridad, así como a la educación y la cultura que formaban parte del Programa del Moncada engarzado con los proyectos sanitarios.

Otra precisión del histórico documento es que además de prescribir el latifundio, marcó una contención límite de hasta 30 caballerías (402 ha) en la cantidad de tierra que alguien podía poseer como figura natural o jurídica.

Se hicieron excepciones con fincas mayores, cuyos propietarios demostraran un alto nivel de producción y productividad, aunque el límite definitivo para estas fue de hasta 100 caballerías.

Y algo muy importante y soberano: solo podrían poseer tierras los ciudadanos cubanos o sociedades formadas por ciudadanos cubanos.

Esta Ley trascendente fue un acto limpiamente legal, inspirado en la Carta Magna progresista de 1940, vejada e incumplida por el tirano Fulgencio Batista.

Fue rigurosa en cuanto a la elaboración del articulado jurídico que la sustentaba, a tono con las prácticas de la jurisprudencia cubana y universal. Y sobre todo ofreció indemnización debida a todos los latifundistas expropiados. No hay nada que reprocharle en esos términos salvo las falacias inventadas por la mala fe de los usurpadores de poder, ya conocidas.

Desafiados por la necesidad imperativa de alcanzar el desarrollo de entidades agropecuarias, comunidades agrícolas de obreros y campesinos, en garantizar una necesaria soberanía alimentaria, incrementar las producciones dentro de una economía sustentable que viva en armonía con la naturaleza, los cubanos sienten que aún falta mucho para estar a la altura de todo lo que ofreció esa Ley en su momento.

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Y no es que se nieguen los logros y desarrollos en etapas alentadoras, los cambios en la vida, la humanización y belleza que hoy late en esos territorios. Solo que ahora son más difíciles de apreciar en medio de las crudezas del presente que están lejos de rendir a nadie, aunque golpeen fuerte, no se niega.

No ha sido fácil el camino, ni lo es en estos momentos, algo que cada uno sabe muy bien. Pero se ha aceptado el reto y la opción es trabajar sin descanso y enmendar errores. Cambiar lo necesario. Aquella maravilla de la Primera Reforma Agraria no llegó en vano. (Marta Gómez Ferrals, ACN)

Agencia Cubana de Noticias

Agencia con cobertura nacional de la República de Cuba.

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